GOBIERNOS PATRIOS (1810/1820)

Producida la Revolución de Mayo, uno de los desafíos planteados era el de consolidar y legitimar un gobierno que reemplazara eficazmente a la administración colonial e iniciara el camino hacia la independencia. Como vemos, la primera década revolucionaria se caracterizó por la inestabilidad.

25 de mayo de 1810

PRIMERA JUNTA

Primera Junta

La Revolución organizó al primer gobierno patrio, la Primera Junta, presidida por Saavedra, con dos secretarios (Moreno y Paso) y seis vocales (Matheu, Castelli, Azcuénaga, Alberti, Larrea y Belgrano). Read more »

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APARECIÓ EL NIETO 114

Abuelas

Porque la vida siempre triunfa sobre la muerte, y porque siempre se impone la verdad y la justicia sobre la impunidad y el terror, celebramos la aparición del NIETO 114, recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, y en especial felicitamos a su presidenta, Estela de Carlotto.

http://www.clarin.com/politica/Despues-Carlotto-consiguio-recuperar-nieto_0_1188481170.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-252291-2014-08-05.html

http://www.telam.com.ar/notas/201408/73924-el-nieto-restituido-de-estela-de-carlotto-dara-una-conferencia-de-prensa.html

http://www.elonce.com/secciones/internacionales/378477-el-hallazgo-de-carlotto-la-onu-complacida-por-la-identificacin-del-nieto-114.htm

 

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DIRECTORIO DE JOSÉ RONDEAU

General Jose Rondeau

En abril de 1819 el director Supremo Juan Martín de Pueyrredón presentó la renuncia a su cargo. Recién el 9 de junio se hizo cargo el general Rondeau. Decidió seguir la línea de sus antecesores en el cargo y concentró sus fuerzas en el frente contra los ejércitos del Litoral, enfrentados con el poder central porteño. Las tropas nacionales enfrentaban a los artiguistas en Santa Fe desde 1818 sin éxito. Un precario armisticio se rompió en septiembre de 1819. Rondeau convocó a todas las fuerzas nacionales disponibles, inclusive al Ejército de los Andes y al Ejército del Norte. San Martín, concentrado en su tarea libertadora, envió sólo un batallón que al llegar a San Juan (enero de 1820) se amotinó derrocando al gobierno local. Al mismo tiempo, el Ejército del Norte hacia lo propio en la localidad de Arequito, el 9 de enero. Allí, el luego gobernador cordobés Bustos se sublevó junto con el coronel Alejandro Heredia y el comandante José María Paz. No querían participar en la guerra civil que se avecinaba. Fue entonces que Rondeau se vió obligado a enfrentar a los caudillos Estanislao López y Ramírez en los campos de Cepeda el 1º de febrero. Las milicias porteñas a su cargo fueron derrotadas y se produjo la caída del gobierno central, exigiéndosele la dimisión en su cargo y la disolución del Congreso, para poder así poder elegirse libremente un gobierno provincial.

Tras la renuncia de Rondeau, asume interinamente Juan Aguirre, quien pudo retener el cargo hasta el 11 de febrero, disolviéndose el congreso y asumiendo el Cabildo el mando de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. A instancias de López y Ramírez se nombra a una Junta de Representantes que proclamó gobernador a Manuel de Sarratea. El Directorio, gobierno central unipersonal creado por la Asamblea del Año XIII, llegaba así a su fín.

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ENTREVISTA de GUAYAQUIL entre SAN MARTÍN y BOLÍVAR.

Guayaquil

No era el mejor de los momentos el que estaba atravesando el Protector del Perú, el General José de San Martín, cuando concurrió a entrevistarse en Guayaquil con Simón Bolívar. Sus ideas monárquicas no lograban el consenso adecuado, su administración era puesta en duda, las tropas realistas aún no habían sido derrotadas y las dirigencias dominantes en Santiago de Chile y en Buenos Aires lo miraban con recelo. En el territorio nacional sólo contaba con el apoyo de los caudillos del Litoral y del líder cordobés Juan Bautista Bustos, pero su idea de un Congreso soberano que eligiera una autoridad nacional tras Caseros –y que fuera acordada en el Tratado de Benegas, sería boicoteada a instancias del Ministro Bernardino Rivadavia en la firma del Tratado del Cuadrilátero, que pospone dicho encuentro.

Sin el apoyo de Buenos Aires, el general parte al encuentro de Bolivar en inferioridad de condiciones, pero con la certeza de que sólo uniendo fuerzas con él, se podrá expulsar a los españoles de suelo americano. Previo a dicha reunión, lo pondrá de manifiesto de la siguiente manera:

“… voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia; los intereses generales de ambos Estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América hacen nuestra entrevista necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables del éxito de esta sublime empresa.”[1]

 San Martín se embarcó en la goleta Macedonia para reunirse con Bolívar, la entrevista se llevaría a cabo en Guayaquil (Ecuador) los días 26 y 27 de julio de 1822[2]. Nos dice Felipe Pigna al respecto: “(…) Entre San Martín y Bolívar había diferencias políticas y militares. Se ha pretendido llenar de misterio la entrevista, cuando en realidad ha quedado bastante claro lo que pasó en aquellos memorables días. Básicamente había dos temas en discusión. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo decidiera con libertad su futuro, Bolívar, preocupado por el peligro de la anarquía, estaba interesado en controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas. El otro tema polémico era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar, pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y la capacidad de San Martín como subordinado.”[3]

Patricia Pasquali sostiene que: “(…) cuestionado en su conducción militar por sus propios jefes, sin su tradicional base de apoyo argentino-chilena y con su respaldo político local en dramática merma. San Martín marchó al encuentro de Bolívar, descontando su vital colaboración. Su confianza en una desinteresada solidaridad hispanoamericana le restó realismo para prever que su desventajosa situación lo dejaba en posición subordinada.”[4]

Tras la asistencia al baile organizado por la municipalidad, San Martín volvió a embarcarse en la Macedonia, que en la madrugada del 28 inició su retorno hacia Lima, con sus expectativas defraudadas. Lo expresará en una carta a Bolivar, un mes después:

“Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso de que su delicadeza no le permitirá jamás mandarme y que aún en el cado de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame General le diga, no me han sido plausibles (…) en fín, general, mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse (…) Nada  diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga que no era a nosotros a quienes correspondía decidir. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos Estados de Sud América.”[5]

Queda así más que claro lo que sucedió en Guayaquil, una vez más, los localismos y los personalismos se convertían en obstáculos para su plan continental. Partirá rumbo a Chile, donde permanecerá hasta enero de 1823, cuando se trasladará a Mendoza. Desde allí solicitará autorización para entrar en Buenos Aires y ver a su esposa que estaba gravemente enferma. Le será negada. Esa es otra historia.

 

Más información acerca de la entrevista, otras interpretaciones, consultar en: http://www.sanmartiniano.gov.ar/documentos/documento073.php



[1] INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO, La conducta política del Gral. San Martín durante el Protectorado del Perú, tomo I, pág. 56. Decreto del Protector delegando el mando en Torre Tagle, Lima, 19 de enero de 1822.

[2] El 26 se produjo el desembarco, sucediéndose luego dos breves entrevistas, la primera en el alojamiento de San Martín y la segunda en la residencia de Bolivar.

[3] http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/era_de_rivadavia/la_entrevista_de_guayaquil_y_el_retiro_de_san_martin_de_la_vida_publica.php

[4] PASQUALI, Patricia, San Martín, la fuerza de la misión y la soledad de la gloria, Planeta, Bs. As., 1999, pág. 386.

[5] Carta citada en Pasquali, op. Cit., su contenido fue dado a conocer por primera vez por Gabriel Lafond de Lurcy en 1843. Puesta en duda por historiadores venezolanos, su confrontación con otros documentos y el estilo sanmartiniano la hace irrefutable.

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CARTA DE SARMIENTO A MITRE sobre la muerte del CHACHO PEÑALOZA

CHACHO-PEÑALOZA

Durante la presidencia de Bartolomé Mitre (1862/68), el gobierno nacional enfrentó levantamientos armados en el interior del país. Desde La Rioja, el general federal Angel Vicente Peñaloza, “el Chacho”, quien contaba con apoyo en las zonas rurales del interior, y con influencia en Catamarca, San Juan, San Luis y Córdoba, denunció la política centralista porteña y los asesinatos cometidos en su nombre. En un primer momento, se negoció un acuerdo, pero ante la falta de cumplimiento de los términos acordados por parte de Mitre, el conflicto se reinició un año más tarde. Vale recordar la delicada situación económica de las provincias, carentes de recursos, desvastadas por haber sido el escenario de la guerra civil. Peñaloza se erigía entonces en defensor de los intereses provinciales repetidamente perjudicados por el centralismo porteño. Para derrotarlo se organizaron fuerzas militares con colaboración de los gobernadores de Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero y San Juan. Mitre le dio a Sarmiento, gobernador de San Juan, la dirección de esta “guerra de policía”. Peñaloza resistió con sus montoneras hasta noviembre de 1863, fecha en que fue tomado prisionero y asesinado a lanzazos por un coronel del Ejército Nacional.

Tras enterarse del asesinato del líder riojano, Sarmiento le escribe a Mitre:

San Juan, 18  de Noviembre  de 1863

Excelentísimo señor presidente de la República brigadier general don Bartolomé Mitre.

Mi estimado amigo:

No sé lo que pensarán de la ejecución del Chacho. Yo inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y honrados aquí he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses. Los ejércitos harán paz, pero la tranquilidad no se restablecería, porque a nadie se le puede inspirar confianza de que no principie la guerra cuando le plazca al Chacho invadir las provincias vecinas. Es su profesión, ejercida impunemente treinta años, hallando siempre en la razón de estado o en el interés de los partidos medios de burlarse de leyes y constituciones y aceptándolo como uno de los rasgos de la vida argentina y de nuestro modo de ser. Sea, pero seamos lógicos: cortarle la cabeza cuando se le da alcance, es otro rasgo argentino. El derecho no rige sino con los que lo respetan, los demás están fuera de la ley; y no tiene el idioma en vano estas locuciones. Hizo él o Puebla degollar en el Valle Fértil a mi primo don Maximiliano Albarracín en su casa, como Carlos Ángel haya obtenido indulto. La guerra civil concluye, pues, por actos militares gloriosos, como el de Caucete, y por el castigo de Olta. En Chile como en San Juan, recién creerán en nuestras diarias promesas de pacificación, ridículas a fuerza de verlas desmentidas por el alzamiento del primer pillo que lanza su reto al gobierno, al ejercito, dejando desacreditada hasta la victoria; pues el Chacho había conseguido ese resultado derrotado siempre, vencido jamás suma tutti, impotencia de la nación. Si la guerra continúa dos meses, San Juan entrega las cartas, sino por agotamiento. Hoy respira, los arrieros se prestarán a salir a vender sus frutos de dos años, los mineros a restablecer sus trabajos: de Chile vendrán hombres y capitales…

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AUSCHWITZ FORMA PARTE DE LA CONDICIÓN HUMANA

Auschwitz

Fragmentos de uno de mis pensadores preferidos, acerca de uno de los dramas más horrendos de toda la historia de la humanidad: Auschwitz (1)… 

Auschwitz forma parte de la condición humana. Ya no podemos referirnos a Auschwitz como un “enigma” (Traverso, p. 158, ob. cit). ¿Cuántos “enigmas” hay entonces en la historia? ¿Cuántos continúan surgiendo? Podríamos convenir que el hombre es un “enigma” para sí mismo, que no está moral ni espiritualmente preparado para asumir los horrores que desata. De aquí la existencia de conceptos como –ante todo– Satanás o el Mal o lo Inhumano y hasta un Dios ausente o cruel. Todo ese artilugio conceptual pone el Horror fuera del hombre. Fue Satán. Fue la presencia del Mal. Que sí, está en el hombre pero el hombre es también capaz de lo sublime. Y, en todo caso, es incapaz de tanto exceso de maldad como Auschwitz representa. Ahí hay una ruptura. Para eso no hay lenguaje. Fue lo inhumano del hombre lo que hizo posible Auschwitz. El hombre –por el contrario– es humano. Se llega a una visión de la historia que la divide entre la Madre Teresa y Hitler. Esperemos que no prospere porque, a todas luces, Hitler es más atrayente (la atracción del Mal es poderosa) que esa supuestamente buena, tan buena señora. Además, Hitler o Videla o Trujillo o Duvalier o Truman e Hiroshima y Nagasaki o Pol Pot (a quien le decían El Suave y aniquiló a casi dos millones de personas), podrán ser el Mal pero son también el hombre, la naturaleza o la condición humana. Todos fueron respaldados por poderes que fingieron no conocer sus matanzas, que se dijeron inocentes de todo, pero les dieron dinero, armas, mercenarios, técnicos en tortura y violaciones de todo tipo. Hoy, entonces, recordamos al Holocausto de Auschwitz, pero también es, para nosotros, el día de todos los genocidios de la Historia. Del armenio, por ejemplo, que aún lucha contra el negacionismo, un negacionismo que es la negación del dolor de ese pueblo, de su identidad herida, imposible o incompleta en tanto no se reconozca lo que hicieron con y de ellos. También el Día del Holocausto debe ser un día dedicado a la reflexión sobre el Mal y el profundo arraigo que tiene en el hombre, que no lo ha podido desterrar ni piensa hacerlo. Hoy se tortura en todas partes. Hoy, el pueblo del Holocausto, basándose en el Holocausto y con un Estado bélico respaldado por la más grande potencia del mundo, está dispuesto a no detenerse ante nada con la excusa de que no permitirá que lo que ocurrió una vez ocurra otra. Y si pensamos que el líder iraní (que trajo Chávez a América latina incluyendo a este continente en la Guerra contra el Terror) dice con fanático empeño que el Holocausto no existió, ¿no será para otorgarse el derecho de provocar uno que sí, que a todas dudas exista, sin discusión alguna?

José Pablo Feinmann, Día internacional del Holocausto.

(1) El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau fue un complejo formado por diversos campos de concentración y de exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi tras la invasión de Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial.

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Como se salvó la torre Eiffel

Torre Eiffel

Muy interesante el artículo de Juan Forn sobre la Torre Eiffel, el histórico emblema francés. Transcribo algunos fragmentos y recomiendo su lectura completa.

Es leyenda que Gustave Eiffel creyó que su Torre no sólo lo haría rico sino también inmortal. Le gustaba mucho más esa idea que la Torre en sí. De hecho, ni siquiera la diseñó él sino un par de empleados de su estudio. Tampoco fue una idea francesa: Eiffel se la robó a unos norteamericanos de Filadelfia que querían poblar las ciudades del Nuevo Mundo con torres-faro, que celebraran la era de la industria. La excusa perfecta fue el centenario de la Revolución de 1789 y la Exposición Universal que se organizaría durante los festejos. Eiffel se las arregló para convencer al ministro de Industria de redactar un pliego de licitación que parecía describir su propio proyecto. Se presentaron 107; ganó, por supuesto, el monstruo de hierro. Eiffel había incluido en su pliego hasta la manera de financiar los costos de mantenimiento, una vez construida: según él, la Torre recibiría no menos de dos millones de visitas al año, que pagarían religiosa entrada.

Aunque el monumento estuvo terminado a tiempo y sin accidentes fatales durante su construcción (sólo un obrero murió, pero era un domingo y cayó al vacío no trabajando sino floreándose para su novia), fastidió a los parisinos desde el principio: un manifiesto firmado por 300 artistas (de Verlaine y León Bloy a Maupassant y Dumas hijo) protestaron contra “ese farol callejero aquejado de gigantismo”. Sólo uno de cada quince visitantes a la Exposición Universal de 1889 pagó por subir a la Torre, que aún no tenía ascensores (atraía mucho más la Galería de las Máquinas, el milagro de la electricidad). Así siguieron las cosas hasta que empezó a acercarse el fin de la concesión que el municipio de París había dado a Eiffel: hacia 1909, en lugar de los dos millones previstos, apenas visitaban la Torre 150 mil personas al año (y eso aunque Eiffel bajó a la mitad el precio de la entrada y puso ascensores). Entonces apareció en escena el capitán Ferrié, pionero de la radiodifusión francesa. Ferrié odiaba las palomas mensajeras que usaba el ejército y propuso instalar a todo lo largo de la Torre una antena que cambiaría por completo las comunicaciones en Francia. Así se salvó la Torre. O, como dice Roland Barthes, así se volvió irreemplazable…

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Proclama del virrey Cisneros tras la caída de la Junta de Sevilla

El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe con la noticia de que cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español. En esas circunstancias, el viernes 18 el virrey Cisneros hizo publicar y leer por los pregoneros una proclama dirigida: “A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires”, en la que advertía que “en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno” él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación del Rey Fernando VII.
La situación de Cisneros era muy complicada porque la Junta que lo había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba claramente cuestionada. En horas de la noche del 18 los jóvenes revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y le exigieron la convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el virreinato después de los hechos de España. Ya hemos visto que estos hechos desencadenarían en la Semana de Mayo.

Los siguientes son fragmentos de la proclama del virrey.

cisneros01

Acabo de participaros las noticias últimas conducidas por una fragata mercante inglesa, que habiendo salido de Gibraltar, arribó á Montevideo el 13 del corriente. Ellas son demasiado sensibles, y desagradables al filial amor que profesáis a la Madre Patria, por quien habéis hecho tan generosos sacrificios. Pero ¿que ventajas produciría su ocultación, si al cabo ha de ser preciso que apuréis toda la amargura que debe produciros su inexcusable conocimiento? Por otra parte, es de mi obligación manifestaros el peligroso estado de la metrópoli de toda la monarquía, para que instruidos de los sucesos redobléis los estímulos más vivos de vuestra lealtad y de vuestra constancia contra los reveses de una fortuna adversa, empeñada por decirlo así, en probar sus quilates…

…Encargado por la Autoridad Suprema de conservar intactos y tranquilos estos dominios, he dedicado a tan justo, y tan interesante objeto todos mis desvelos y fatigas. Nada he omitido de cuanto he creído conducente, al desempeño de tan elevada confianza: vosotros sois testigos de que no me dispenso una alabanza a que no tenga justos y conocidos derechos; pero ni estos, ni la general benevolencia que os debo, y a que siempre viviré agradecido, me dispensan del deber que me he impuesto de que en el desgraciado caso de una pérdida total de la península, y falta del Supremo Gobierno, no tomará esta superioridad determinación alguna que no sea previamente acordada en unión de todas las representaciones de esta capital a que posteriormente se reúnan las de sus provincias dependientes, entre tanto que de acuerdo con los demás virreinatos se establece una representación de la soberanía del Sr, Don Fernando VII. Y yo os añado con toda la ingenuidad que profeso; que lejos de apetecer el mando veréis entonces como toda mi ambición se ciñe a la gloria de pelear entre vosotros por los sagrados derechos de nuestro adorado monarca, por la libertad, e independencia de toda dominación extranjera de estos sus dominios, y por vuestra propia defensa, si alguno la perturba.

Después de una manifestación tan ingenua nada más me resta que deciros, sino lo que considero indispensable a la conservación de vuestra felicidad, y de toda la monarquía. Vivid unidos, respetad el orden, y huid, como de áspides los más venenosos, de aquellos genios inquietos y malignos que os procuran inspirar celos, y desconfianza reciprocas, y contra los que os gobiernan: aprended de los terribles ejemplos que nos presenta la historia de estos últimos tiempos, y aun de los que han conducido a nuestra metrópoli al borde de su precipicio; la malicia ha refinado sus artificios de un modo tal, que apenas hay cautelas suficientes para libertarse de los lazos que tiende a los pueblos incautos y sencillos. Todo os lo dejo dicho: aprovechaos si queréis ser felices de los consejos de vuestro jefe, quien os lo franquea con el amor mas tierno y paternal. Buenos Aires 18 de Mayo de 1810.

Baltasar Hidalgo de Cisneros

Fuente: CORBELLINI, Enrique, La Revolución de Mayo, T. II, p. 20.

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El genocidio de los pueblos originarios. ¿Inevitable?

A fines del Siglo XIX, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda y con la conducción de Julio Argentino Roca, se llevó adelante el genocidio de miles de habitantes de nuestros pueblos originarios, en nombre de la civilización y el progreso. Quienes desde la Historia Oficial impusieron el concepto de “Conquista del desierto” y conceptualizaron a esta campaña como una gesta, impusieron la idea de la inevitabilidad de los hechos que se llevaron a cabo. ¿No había otra forma de hacer las cosas? 

Genocidio

“El gobierno manda entregar raciones a los indios, con el objeto de que vivan de ellas sin necesidad de robar. La imprevisión con que se procede a su entrega ha permitido que los encargados y los proveedores puedan abusar libremente. Vencido el plazo, la entrega no se hace; los indios esperan, reclaman, van y vienen y nada consiguen, hasta que cansados y apurados por la necesidad convienen con el proveedor recibir el todo en dinero o una parte en dinero y otras en efectos. En dinero vienen a recibir apenas un 10% del valor de los artículos y éstos de tan mala calidad y tan escamoteados, que poco más o menos sufren la misma rebaja. Lo que no venden al proveedor lo entregan con igual desventaja a otros, en pago de tejidos u otros efectos que sobre esto les dan al fiado; y despojados así de este recurso, van luego a desquitarse en los intereses de los hacendados”. (1)

El planteo coincidía con una carta dirigida por los comerciantes de Azul a la Mutual de los estancieros: “Los indios pampas de Catriel son más fáciles de civilizar rectamente y más dispuestos a recibir la alta educación cívica, que nuestras masas rurales y aún las urbanas mismas (…) nos creemos autorizados para decir en todos los terrenos, desde el confidencial y privado hasta el público u oficial que los indios pampas serían a la fecha en que escribimos relativamente honrados, laboriosos y morales si nosotros, los hombres de la civilización, no hubiésemos sido tan malvados y corrompidos“.

(1) Barros, Alvaro, Indios, fronteras y seguridad interior. Solar-Hachette, Buenos Aires, 1975. Citado en: Bayer, Osvaldo, Proyecto de ley, en Historia de la crueldad argentina. Julio A. Roca y el genocidio de los Pueblos Originarios.  Ediciones El Tugurio, Bs. As., 2012.

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INDUSTRIALIZACIÓN EN FRANCIA, el modelo dualista

Talleres en Francia

El modelo francés claramente se diferenció del inglés. Mientras que en Inglaterra el sistema de talleres doméstico fue reemplazado por el trabajo en fábricas, en Francia ambos sistemas convivieron (dualismo) en un sistema que tuvo menos costo social. A su vez, la menor población francesa hizo que los salarios de los obreros fueran significativamente más altos que en Inglaterra.

El dualismo francés combinó entonces las actividades fabriles con el trabajo artesanal. Hacia principios del siglo XIX, la economía francesa comenzó a articular áreas industriales y mineras con los más importantes centros urbanos. Aquí también jugó un papel importante el ferrocarril, que recibió apoyo estatal a partir de 1840. Predominó la utilización de la energía hidráulica, restringiéndose el uso del vapor para los transportes. Esto se debió a los altos costos que significaba la importación del carbón desde Bélgica y Gran Bretaña. El sistema dualista permaneció hasta la década de 1870, cuando la expansión del mercado interno demandó producción estandarizada, imponiéndose así la producción fabril.

Para Eric Hobsbawm[1]el desarrollo económico francés del período resulta una paradoja, ya que reunía innumerables condiciones para avanzar velozmente y sin embargo el proceso era mucho más lento que el de otros países. ¿Por qué? Poseía el ingenio y la inventiva de sus hombres de negocios, su ciencia rebosaba de innovaciones y descubrimientos técnicos, sus financieros eran de lo más imaginativos, el país contaba con reservas de capital que exportaba, París era un centro financiero internacional a la par de Londres, ¿y entonces? El historiador británico encuentra la respuesta en el proceso de la Revolución Francesa, puntualmente en el período jacobino, en el que:

“… los jacobinos abolían sin indemnización todos los derechos feudales aún existentes, aumentaban las posibilidades de los pequeños propietarios de cultivar las tierras confiscadas de los emigrados (…) estas medidas tuvieron los más trascendentes resultados (…) en Francia establecieron la inexpugnable ciudadela de los pequeños y medianos propietarios, campesinos, artesanos y tenderos, retrógrada desde el punto de vista económico, pero apasionadamente devota de la revolución y la República (…) La transformación capitalista de la agricultura y de las pequeñas empresas , condición esencial para el rápido desarrollo económico, se retrasó, y con ella la rapidez de la urbanización, la expansión del mercado interno, la multiplicación de la clase trabajadora e, incidentalmente, el ulterior avance de la revolución proletaria. Tanto los grandes negocios como el movimiento obrero se vieron condenados a permanecer en Francia como fenómenos minoritarios…”[2]

Así, el campesinado y la pequeña burguesía constituían la base de la parte capitalista de la economía francesa, con un mercado interno pobre, con capital ahorrado pero que no se invertía en la industria nacional. Volvemos a recurrir a Hobsbawm: “El prudente empresario francés prefería fabricar productos de lujo a productos para ser consumidos por las masas: el financiero prudente prefería promover industrias en el extranjero que en su país. La iniciativa privada y el progreso económico sólo van juntos cuando éste proporciona a aquella beneficios más altos que otras formas de negocio.”

Claramente en Francia no estaban dadas las mismas condiciones que se dieron en Inglaterra, como ya hemos visto, para tener un similar proceso industrializador hacia fines del siglo XVIII.



[1] Hobsbawm, Eric, La era de la revolución, 1789/1848, Crítica, Bs. As., 1997.

[2] Ibídem, págs 77 y 78.

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EXPANSIÓN TERRITORIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

La expansión territorial de los Estados Unidos se efectuó tras una serie de etapas luego de su independencia, y se dió por diferentes vías, pacíficas o bélicas. Así, los norteamericanos se dedicaron a ampliar los territorios originales de las trece colonias que tenían costa en el Atlántico. En un principio, predominó el sistema de compras de territorios: de Luisiana a Francia en 1803 y de La Florida a España en 1819. Posteriormente, salvo en el caso de Alaska, comprada a los rusos en 1867, la conquista de nuevos espacios se hizo por la fuerza.

Desarrollo de los Estados Unidos

La llamada “Conquista del Oeste”, no fue sino una gran marcha que a sangre y fuego llevó las fronteras hasta el Pacífico. Apaches, navajos, hopi, siouk, cherokee, cheyenne, iroqueses, comanches entre muchos otros, fueron pueblos originarios que fueron despojados de sus tierras y confinados (tras un exterminio casi masivo) a territorios llamados reservas.

En 1835-1836 Texas se separó de México, proclamándose independiente a instigación de los colonos norteamericanos y pasó a integrar la Unión en 1845; al estallar, en consecuencia de esto, la guerra entre México y Estados Unidos, éste se impuso y se anexó definitivamente (1848) una inmensa franja de territorio constituida por Texas, Nuevo México, Arizona, California, UtahNevada y Colorado. Así, alrededor de la mitad del territorio mexicano había pasado a Estados Unidos y la frontera que daba fijada por el Río Bravo.

Promediaba el siglo XIX y en Estados Unidos se postulaba la tesis del destino manifiesto”, por la cual el país estaba destinado a ser una gran nación que dominaría el continente de norte a sur, en una tarea “civilizadora” que ayudaría a aquellos pueblos que eran incapaces de gobernarse. Argumento civilizador que también se atribuían los europeos que para ese entonces conquistaban y colonizaban Asia y África.

Entre 1820 y 1860 Estados Unidos pasa a tener de 23 a 33 Estados y su población se triplicó. El desarrollo económico no se haría esperar.

Imagen: http://historiadelmundoparaelmundocchsur.blogspot.com.ar/2013/03/exposicion-n-4-expansionismo.html

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BAYER: “Mientras existan villas miseria no habrá democracia”

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Desde la mirada del observador crítico, Osvaldo Bayer señala avances y retrocesos de la gestión de gobierno, manifiesta su preocupación por el presente de los pueblos originarios y relata en detalle su conflicto con Hebe de Bonafini, la titular de Madres de Plaza de Mayo. Una entrevista sin filtros, un debate abierto a partir de la opinión de un referente de amplitud que, aún hoy, sigue apostando por el socialismo en libertad como el mejor sistema posible. Un ventarrón insondable lo empuja. No le permite que¬darse quieto, le niega el beneficio de anclar su osamenta de historiador en un puerto seguro. El viento lo moviliza. Lo lleva por todas las provincias. Lo escucha contar anécdotas, compartir recuerdos, generar polémicas, incitar debates, alentar a los luchadores. A su alrededor, el escenario se modifica tanto como los auditorios. Una mesa, una silla, un micrófono. Un pequeño teatro comunitario, el galpón de una fábrica recuperada, una biblioteca de pueblo perdida en la ruta. Va a cumplir 86 años, y tal vez la armadura del guerrero acuse los achaques del tiempo, pero el patagónico ventarrón lo va llevando de un extremo a otro del país.

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LAS REFORMAS BORBÓNICAS. Intento de reorganización del Imperio colonial español.

Hacia el siglo XVIII la supremacía inglesa era incuestionable. Dominante en los mares gracias a poseer una poderosísima flota, podía obtener con mucha facilidad materias primas baratas y mercados donde colocar sus productos. Francia y España eran imperios que estaban en franca decadencia y que ahora debían enfrentar la agresiva política comercial británica que se expandía sobre sus colonias americanas.

Felipe V Borbón

Felipe V, primer Rey Borbón en España

Al no poder competir con los productos ingleses de igual a igual, España sostenía un fuerte monopolio comercial con sus colonias, obligándolas a comprarle y venderle sólo a ella y haciendo ilegal cualquier otro tipo de intercambio con otro reino. En 1713 acceden a la Corona española los Borbones, quienes impulsan una serie de cambios con el objetivo de mejorar el comercio con sus colonias. A estos cambios se los conoce con el nombre de “Reformas Borbónicas”. Estos son los cambios más importantes:

a) España enviaba dos flotas con destino a América para comerciar, en un sistema llamado de “Flotas y Galeones”. Se lo reemplazó por un sistema de navíos autorizados que agilizaron el comercio colonial.

b) Hasta el siglo XVIII América estaba dividida en dos virreinatos, lo que dificultaba la administración de un territorio tan extenso. Los Borbones crean dos nuevos virreinatos: el del Río de la Plata y el de Nueva Granada, además de crear Capitanías Generales en Chile, Venezuela, Guatemala y Cuba.

virreinatos y capitanias generales

c) El comercio ilegal (contrabando) era un problema del anterior sistema. Para combatirlo se sancionó el Reglamento para el comercio libre de España e Indias, en 1778, que autorizaba nuevos puertos (14 españoles y 19 americanos, entre ellos el de Buenos Aires) a comerciar entre sí. Se liberó el comercio, pero parcialmente porque el monopolio con España seguía vigente.

d) Se impusieron reformas administrativas para gravar el comercio interno americano a través de aduanas interiores.

e) Los jesuitas eran una orden religiosa que había adquirido mucha influencia en la organización económica y cultural de las poblaciones aborígenes. En un intento por imponer el poder político sobre el religioso, la Corona expulsó a los jesuitas de las misiones americanas en 1767.

f) En un intento por frenar el avance portugués en la región, los Borbones autorizaron en 1791 el libre comercio de esclavos en el Río de la Plata.

CONSECUENCIAS

A pesar de triplicar los ingresos coloniales, las medidas reformistas causaron malestar entre la población, especialmente debido a que había aumentado considerablemente el control impositivo, generándose rebeliones y levantamientos. Con el paso del tiempo las medidas fueron perdiendo eficacia, especialmente a partir del triunfo naval ingles sobre la armada franco-hispana en Trafalgar (1805). Paulatinamente comerciantes ingleses empezaron a operar en el Río de la Plata, especialmente tras las dos invasiones inglesas en 1806 y 1807. Finalmente, el último virrey del Río de la Plata, Cisneros, autorizó el libre comercio con Inglaterra, poco tiempo antes de producirse la Revolución de Mayo.

Imagen, mapa: aikengeografia.blogspot.com

 

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DOCTRINA MONROE, ¿América para los americanos?

Doctrina Monroe

La ruptura de los vínculos coloniales hispano-portugueses había despertado una creciente atención por los nuevos Estados independientes en la política internacional de la época. Si observamos la historia latinoamericana posterior a la independencia, advertiremos manifestaciones concretas de acción imperialista por parte de las grandes potencias europeas y que ésta va desde simples gestiones diplomáticas a la intervención armada.

Si bien fue durante la segunda mitad del Siglo XIX que Estados Unidos construyó las bases económicas, políticas e ideológicas del imperialismo que iba a llevar adelante en Latinoamérica durante el Siglo XX, un antecedente importante fue, sin dudas, la llamada “Doctrina Monroe“.

En 1823, el entonces presidente de los Estados Unidos, James Monroe, proclama “América para los americanos“,  condenando cualquier intento europeo por intervenir o conquistar territorios americanos.

“Los ciudadanos de los Estados Unidos alimentan los sentimientos más amistosos en favor de la libertad y felicidad de sus prójimos del otro lado del Atlántico. En las guerras de las potencias europeas y en asuntos que les conciernen nunca hemos tomado parte alguna, ni es nuestra política tomarla. Sólo cuando nuestros derechos se vean invadidos o estén seriamente amenazados, nos sentiremos lesionados o haremos preparativos para defendernos. en los sucesos de este hemisferio nos hallamos, por necesidad, interesados más directamente y ello por motivos obvios (…) No nos hemos mezclado ni nos mezclaremos en los asuntos de las actuales colonias o dependencias de ninguna potencia europea. Pero en cuanto a los gobiernos que han declarado y sostenido su independencia y que hemos reconocido después de madura consideración y por justos motivos, no podríamos considerar sino como manifestación de sentimientos hostiles contra los Estados Unidos cualquier conato de una potencia europea con el objeto de oprimirlos o de ejercer de cualquier modo una influencia dominante en sus destinos.”

Atribuída a Monroe, la Doctrina fue redactada por su Secretario de Estado, John Quincy Adams, y pretendía garantizar que ninguna potencia europea reclamara territorios en América, advirtiéndose -de esta manera- que la región quedaba bajo el protectorado exclusivo de los Estados Unidos. Claramente se trataba de un reto a la influencia que Gran Bretaña sostenía en el continente.

La posición norteamericana intentaba poner coto a las ambiciones territoriales de los rusos en Alaska, de los ingleses en la frontera canadiense y de impedir una reconquista española de América Latina. En síntesis, la declaración no establecía más que una serie de principios, el de no intervención, de no colonización, el de aislacionismo, valederos para el futuro y oponibles sólo a las potencias europeas.

Pero los problemas internos que sufrían los Estados Unidos impidieron que dichos principios se llevaran a cabo. Y fue así que algunas intervenciones europeas se produjeron en América. En 1833 los británicos ocuparon las Islas Malvinas, en 1838 buques franceses bombardearon Veracruz (México) reclamando el pago de deudas adquiridas, y en ese mismo año y en 1845 buques de guerra franceses y británicos bloquearon el Puerto de Buenos Aires para exigir la libre navegación de los ríos. Entre 1862 y 1864 Napoleón III ocupó México, en 1864 España atacó Perú y bombardeó Valparaíso (Chile).

Una vez que los Estados Unidos pudieron consolidar sus fronteras internas, tras la guerra civil y la expansión de su territorio, dieron inicio a su aventura imperialista.

Gustavo y Helène Beyhaut, América Latina, De la independencia a la segunda guerra mundial, Historia universal Siglo XXI, volumen 23.

Gallego, Eggers-Brass, Gil Lozano, Historia Latinoamericana, 1700/2005, Maipue, Buenos Aires, 2007.

 

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Concentración de la propiedad y la riqueza en Latinoamèrica (Siglo XIX)

Sociedades desiguales y excluyentes

Si recorremos la América Latina de fines del Siglo XIX, un rasgo en común saltará rápidamente ante nuestra vista, la transformación económica, el impacto del Pacto Neocolonial ha agudizado la conformación de sociedades claramente polarizadas, caracterizadas por altos niveles de desigualdad.

Propiedad de la tierra

Concentración de la propiedad y la riqueza

En un extremo, las clases dominantes latinoamericanas no hacían sino concentrar crecientemente la riqueza en la medida en que la transformación económica les brindaba oportunidades de negocios sumamente rentables. Salvo excepciones, la tierra estaba repartida en grandes latifundios, generalmente en manos de las viejas familias terratenientes locales que habían expandido sus propiedades a expensas de las tierras de las comunidades, de la Iglesia o de pequeños campesinos independientes, y que habían sido las principales beneficiarias del reparto de los territorios antes baldíos o recientemente “conquistados”. No faltaban por cierto los propietarios extranjeros, especialmente visibles en las regiones de plantación de productos tropicales, a lo que se sumaba la presencia de los enclaves mineros controlados por capitales europeos o norteamericanos.  Pero en todos los países se iba consolidando claramente una clase dominante de origen nacional cuya riqueza se basaba fundamentalmente en la tierra y cuyos estratos más ricos eran los que habían podido aprovechar al máximo las nuevas oportunidades brindadas por la expansión exportadora.

En el otro extremo, los sectores populares rurales conformaban un conjunto cuyo empobrecimiento y explotación por parte de los grandes propietarios no había dejado de aumentar desde el comienzo de la “gran transformación”. Encontramos así, por un lado, a una masa de trabajadores rurales dependientes de manera permanente o estacional del empleo en las grandes haciendas, estancias o plantaciones. Por el otro, a las comunidades campesinas, que como vimos sobrevivían en muchas regiones pero crecientemente mermadas en sus recursos, y por lo tanto reducidas a una subsistencia cada vez más limitada que en muchos casos obligaba a sus integrantes a buscar trabajo en las haciendas cercanas. La situación de unos y otras se deterioraba vertiginosamente de la mano del crecimiento económico, en una magnitud inversamente proporcional al enriquecimiento de los grandes terratenientes. La existencia de lazos clientelares entre los trabajadores rurales y sus patrones, ligados a actitudes paternalistas de estos últimos, aunque muchas veces se reflejara en relaciones de lealtad personal e incluso como veremos de fidelidad política, no debe ocultar la condición de subordinación y explotación que atravesaba a los sectores populares del campo latinoamericano, con rasgos agravados respecto a épocas anteriores. No faltaban por cierto excepciones a esta imagen polarizada que se acaba de describir: aquí y allá, en varios países es posible encontrar zonas en las que un estrato de medianos o pequeños productores agrarios –propietarios o arrendatarios según los casos- lograban persistir o abrirse paso entre los latifundios y las comunidades. Esto es visible en algunas regiones de México en las que los “ranchos” conservan una presencia significativa. Un caso notable en este sentido es el de Costa Rica, donde la expansión cafetalera se basó en el predominio de pequeñas y medianas explotaciones, generando una estructura de propiedad de la tierra que contrastaba con la fuerte concentración que se imponía en los otros países centroamericanos. Un fenómeno similar, ligado también a la producción cafetalera, se dio en algunas regiones de Colombia; es que el café es un producto que admite escalas de producción grandes o pequeñas sin perder rentabilidad, pudiendo impulsar entonces tanto la tendencia al latifundio (que se verifica claramente en el caso brasileño) como la producción en explotaciones de menor tamaño. En la Argentina, por otra parte, una cantidad significativa de pequeños y medianos arrendatarios y colonos pudo participar de la expansión agropecuaria de fines del siglo XIX coexistiendo con las grandes explotaciones que daban sin embargo la pauta predominante.

http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/

- HALPERIN DONGUI, Tulio; Historia contemporánea de América Latina.

Categories: LATINOAMÉRICA. C) Expansión económica inducida (1825/1870) | Leave a comment