VIDA ECONÓMICA EN LA AMÉRICA COLONIAL

El primer resultado económico de la conquista fue la creación, más o menos rápida, de una economía de subsistencia mediante el uso de la fuerza laboral indígena y la introducción de plantas y animales europeos.

En el Tucumán el caballo entró con las tropas de Diego de Rojas y Nuñez del Prado y este último introdujo cabras y cerdos. Santiago del Estero recibió de Coquimbo, en 1556, simientes de trigo, algodón y frutales, sarmientos de vid y ganado. Rápidamente aclimatados, sus frutos fueron llevados por las expediciones que partían de la ciudad para fundar otras.

A breve plazo las ciudades contaron con abundancia de productos de la tierra. El ciclo de producción y consumo de los productos naturales y algunos manufacturados se cerraba dentro de cada unidad urbana. El sentido autárquico de cada economía particular explica las débiles corrientes de tráfico, las cuales operan al sólo efecto de complementar las producciones locales.

La incorporación económica de Cuyo al resto del territorio argentino en la década de 1590 le permite abrir un proceso de desarrollo bastante limitado. Las primeras exporataciones de vino, y aguardiente están destinadas a Córdoba; en 1589 aparecen en Bs As, desalojando la producción paraguaya de inferior calidad.

La escasa producción triguera de Bs As no alcanzaba a satisfacer la demanda interna y el déficit fue cubierto por la exportación cordobesa. Los pagos se realizaban con mercaderias introducidas por los portugueses. Santa Fe seguia vinculada con el Interior como nudo de comunicación del Paraguay con el Tucumán y recibía lienzos y géneros que pagaba con ganados.

El algodón domina la economía tucumana del siglo XVI, aún de las ciudades de Tucumán y Cordoba, los encomenderos de ambas ciudades recibían algodón en bruto abonándolo con la materia trabajada. El cultivo del algodón y la producción de textiles alcanzó una destacada expansión con fuertes excedentes que se colocaban en los mercados de Potosí, Bs As, Chile y Brasil.

Los cambios locales e interurbanos se realizan, esencialmente, sobre la base del trueque. En esta economía natural predomiona la llamada “moneda de la tierra” creada por los cabildos fijando los valores de ciertos frutos existentes en la jurisdicción. La más generalizada entre las monedas naturales fue la vara de lienzo que revistió, a veces, el carácter de mero signo de valor.

Existe además un tráfico interregional del Tucumán con Chile, Potosí y Paraguay. A partir de 1590, aproximadamente, Bs As será convertida, por las actividades de los portugueses, en foco comercial y centro de atracción de las ciudades del Tucumán a las que ofrece la posibilidad de adquirir esclavos, aceite, hierro, azúcar, y géneros europeos que dejan altos márgenes de beneficio en Potosí. Así, dejan de lado el modesto trueque con Chile, pero como esta región se orienta igualmente hacia Bs As en busca de esclavos, la ruta Córdoba-Santiago de Chile adquiere un nuevo carácter. La fuerza unificadora del tráfico internacional ha conseguido la ruptura del carácter primitivo de una ruta regional. Como detalles menores podemos agregar que los géneros de Chile dejan de interesar en el Tucumán por la competencia de precios derivada de la introducción portuguesa.

Hasta aquí hemos esbozado un esquema dominado por comunidades encerradas en una economía natural, en las cuales la composición de la demanda global señala el bajo nivel de consumo de la masa indígena mantenida en los límites de un mínimo fisiológico. Dentro de estas fronteras económicas no existen mayores posibilidades para el desarrollo por la única acción de los factores endógenos, la transformación de nuestra región, la expansión de su universo económico, estuvo condicionada por el estímulo de una presión exógena: Potosí le proporcionó su impulso inicial.

La fabulosa extracción de metal precioso y el aglutinamiento en sus alrededores de una masa demográfica sin precedentes, convierten a Potosí en un verdadero polo de atracción para las zonas agrícolas y ganaderas que lo rodean, cuyo radio se va ensanchando a un ritmo veloz para satisfacer la demanda de aquel mercado.

El auge potosino corre paralelo con el proceso de consolidación de la conquista y colonización argentina, sincronismo que tendrá enorme significado para el último término. El ritmo de la extracción de plata alcanza un aumento revolucionario a partir de 1572, paralelamente al alza de producción se da un proceso similar de concentración demográfica, por el que se pasa de mas de 3.000 hab en 1543, a 120.000 en 1580 y 160.000 en 1650. Potosí se convierte, entonces, en el más importante mercado de América y “el más caro del mundo”.

Las necesidades de abastecimiento de ese denso núcleo demográfico determinaron durante todo el siglo XVI un proceso de expansión de las regiones argentinas netamente desigual. El Tucumán se inserta y amolda dentro de la órbita potosina activando la economía del algodón, su cultivo y su elaboración. En la etapa manufacturera se utiliza en un primer momento la técnica aborigen en telares simples, pronto se introducen materiales europeos y se promueve la migración de maestros europeos que enseñan a los indios las nuevas técnicas y el manejo de los instrumentos importados.

Buenos Aires no tenía excedentes para competir y colocar en Potosí, pero la influencia de este centro se hará sentir en el desarrollo comercial del puerto.

Junto con los tejidos de algodón comienza a ganar importancia la exportación de ganado en pie y de un producto derivado, el sebo. Hacia 1590 despunta una actividad ganadera que tendrá gran relevancia en el siglo XVII: la cria de mulas. Córdoba realiza la primera exportación al Alto Perú en 1600, son los síntomas de una actividad que dará la preponderancia al sector ganadero dentro de la economía regional.

Esta economía de cambio permite a la minoría dominante del Tucumán la compra de artículos europeos que insumen parte de los ingresos obtenidos. Existe otra faceta en la influencia que ejerce Potosí sobre Bs As y el Tucumán, en efecto, la avidez de metales en Brasil y Europa origina una fuerte corriente comercial orientada hacia Potosí e impulsada por los portugueses que utilizaran aquellas zonas como rutas de tráfico, dinamizando su economía.

Resultaron vanos los intentos de la Corona española para canalizar la totalidad de la plata potosina por el circuito del Pacífico hacia Sevilla. Por la ruta del Atlántico había tres caminos eventuales. La del trayecto más breve iba desde el litoral paulista hasta el Paraguay y seguía hasta el Perú por caminos antiguos. Otra recorria la via fluvial del Río de la Plata y el Paraná hasta Asunción, punto de enlace con la primera. La tercera ruta tenía su puerta de entrada en Bs As y sus etapas sucesivas en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy. Esta última atrajo un volumen considerable de tráfico.

La cuenca del Plata pasa así a ofrecer un desafío permanente al monopolio y se incorpora al espacio económico del Atlántico portugués, como competidora ilegal del circuito comercial implantado por Sevilla. Diversos factores señalan su superioridad sobre éste: navegación oceánica sin peligros ni trasbordos, camino llano en la pampa que reduce a la etapa Salta-Potosí (149 leguas) y ofrece una apreciable ventaja en los costos de flete terrestre en comparación con el trayecto Lima-Potosí (400 leguas a mula). El contrabando, con la evasión total de aranceles, es otra ventaja importante.

Puerto de entrada de los portugueses y via de fuga de la plata potosina, Buenos Aires se desarrolla al ritmo de su comercio, que se buscó encauzar por via legislativa, una Real Cédula  de 1587 reconocía el tráfico con el Brasil y otra de 1591 otorgaba permiso para introducir 500 negros.

El riesgo de abrir tal puerta hacia Potosí es percibido ya en 1588 por la Audiencia de Charcas al señalar que el Perú se “hinchará” de comerciantes extranjeros llegados desde el puerto.

La prohibición del comercio de Bs As impuesta por el Virrey del Perú en 1593 es confirmada por Felipe II en 1595 mediante una célula que inmediatamente ignorará para firmar el asiento negrero. Con el permiso concedido al asentista para introducir 500 negros anuales por Bs As se inicia el auge del comercio ilegal o de contrabando.

La Corona se encontraba frente a un dilema: cortar los tratos por Bs As implicaba abandonarla a sus propios recursos, reduciéndola a la indigencia económica con el riesgo de huída de sus pobladores. De esto a la posible ocupación de la zona por parte de los ingleses, holandeses o franceses había sólo un paso, con el consiguiente peligro que la invasión representaba para los distritos mineros del Perú. Por lo tanto, pretende superar el problema recurriendo a la creación del sistema Brasil-Río de la Plata, dos zonas de producción distinta y complementaria. Con tales fines una cédula de 1602 concede a los porteños el derecho de exportar anualmente 2000 fanegas de harina, 500 quintales de cecina y 500 arrobas de sebo, para retornar con negros del Brasil.

De todos modos esta legislación no surtió efecto ni detuvo el contrabando[1]. De este gran comercio, Buenos Aires fue escenario más bien que protagonista. La acción efectiva corresponde a los portugueses y a los mercaderes de Potosí, Tucumán y Chile.

Los portugueses crearon un amplio circuito, que abarcaba Brasil, África, Portugal y, por infinitos lazos y redes, al Mediterráneo, Francia, el norte de Europa, para prolongarse hasta el Extremo Oriente. Dentro del sistema, Brasil y Buenos Aires eran esencialmente bases para alcanzar a los distritos mineros[2].

La primera navegacuón portuguesa con destino al Río de la Plata que se conoce es de 1588, pero ya en años anteriores hay constancias de la presencia lusitana en el Tucumán. Es que los portugueses, además de sentar sus reales en el puerto, se internaron durante el siglo XVI por el Tucumán y Perú para efectuar sus negocios. En el Tucumán vendían esclavos y géneros a cambio de plata o lienzos de algodón, harina y sebo.

A partir de 1596 el reino de Chile comenzará a aprovisionarse de esclavos utilizando la ruta continental de Buenos Aires a Santiago, que se convierte en la vía comercial de importaciones por excelencia. En este tráfico, Córdoba tendrá un destacado papel como plaza distribuidora hacia Chile.

El Tucumán es la región argentina en que repercute con mayor fuerza este comercio internacional. En el comercio legal e ilegal, Córdoba tiene una actuación clave por su posición geográfica que la sitúa en la confluencia de los caminos que llevan a los centros productores y consumidores de Tucumán, Buenos Aires, Alto Perú y Chile.

Como importante plaza reexportadora de esclavos a Potosí y Chile, Córdoba negocia, hasta 1600, doscientos sesenta y cinco negros, y las operaciones se realizan en metálico en su mayoría. Mientras algunos compraban esclavos en Buenos Aires para revenderlos en esa ciudad o Potosí, otros entregaban metálico a comerciantes portugueses para su adquisición en Brasil y Angola[3].

Aparecerán así, en esta ciudad mediterránea, sociedades marítimas cuyo objetivo es el tráfico de esclavos. La formación de empresas que entablan relación directa con Brasil y con Angola, apuntan a lograr mayores utilidades eliminando a los intermediarios.

La simple mencióm de uno de los circuitos recorridos revelará la extensión y complejidad del viaje de negocios: se partía de Buenos Aires en viaje directo a Angola donde se compraban esclavos, la travesía de regreso incluía Brasil, luego Buenos Aires y finalmente Córdoba. Se elegía a Lima como el mejor mercado. En Lima el producto de la venta se invertía en géneros europeos y en el trayecto de retorno se compraban vinos en Cuyo, para iniciar un nuevo ciclo de operaciones comerciales.

La aventura de la conquista confina a sus protagonistas en experiencias límites, la muerte o valer más, el hecho colonial surgido con la misma rapidez y el mismo vigor con que antes se conjuró lo desconocido, se consolida sobre la base de una sociedad dual: una empecinada minoría violenta el rumbo y el destino de la comunidad indígena.

Pero la permanencia de la opresión, si bien resquebrajó la faz carismática de la conquista, obtuvo un logro que no se vislumbraba en estas tierras despreciadas sin botines de metales preciosos. La expansión del universo económico iniciada sin una previa acumulación de capitales sorteó el déficit originario, comprimió el consumo de la masa indígena y utilizó discrecionalmente su fuerza laboral. A breve plazo la producción de excedentes, le permitió acceder a un estadio encuadrado dentro de un capitalismo comercial y de una etapa inicial manufacturera.

Todo esto nos otorga el derecho de cuestionar el transitado dictamen que afirma la incapacidad de los españoles para enredar sus energías en actividades económicas: si rechazaron el trabajo manual -por motivos de prestigio-, esta omisión fue compensada en funciones que los revelaron como inteligentes, avisados y también rapaces empresarios.


[1]Las autoridades comisionadas para evitar el fraude, desde los gobernadores hasta los oficiales reales, prevarican con el tráfico ilegal dejándose sobornar.

[2]Algunos observadores afirmaron que un 25% de la producción de plata se evadía por la ruta tucumana de Buenos Aires a Potosí.

[3]Angola era el centro de exportación de negros para el Río de la Plata.

4 Responses to VIDA ECONÓMICA EN LA AMÉRICA COLONIAL

  1. Carmen

    no se porq isieron esta pagina xq nadamas ay dos fotos y sin ninguna historia o leyenda, siertamente no se xq lo isieron!!!

  2. Gustavo Apeseche

    Por favor citen el autor… creo que es Horst Pietschmann

  3. Alejandro Justiparan

    Estimado Gustavo, el artículo me llegó por medio de un colaborador y desconocía el origen de la fuente. Te agradezco el dato y desde ya, si es así, será citado como corresponde. Alejandro

  4. La chukii

    nose entiende nada lo que dice, nose para que hizieron esta pagina

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