MOVIMIENTOS POPULARES EN LATINOAMERICA. Matrices políticas. Concepto de movimientos populares (Parte I)

Latinoamérica (Ricardo Carpani)

El surgimiento de los movimientos populares en Latinoamérica, no obedece a una única causa, por el contrario, al introducirnos en su estudio descubrimos múltiples factores que, en mayor o menor medida, provocaron su aparición. Entendiendo que el objeto de estudio, muy amplio, superaba las características de este trabajo, decidí centrarme en el aspecto social y político. A continuación, la 1ª entrega del trabajo.

El espacio, a la par que el tiempo, son categorías del pensamiento humano que tienen una entidad trascendente en nuestra cosmovisión. Probablemente, esta concepción parte de la categorización que planteó Kant, quien definió a la geografía y a la historia como disciplinas del espacio y el tiempo, respectivamente. El espacio y el tiempo son, pues, categorías del pensamiento humano que abarcan un amplio espectro: desde ámbitos muy cotidianos y vitales, hasta ser objetos de grandes teorías explicativas del origen y funcionamiento del universo. Espacio y tiempo son “ (…) entidades mentales, esquemas de orientación e información estratégica que sirven para poner orden y relacionar la realidad que percibimos.”[1]

Entiendo que, justamente, para entender la realidad que nos ocupa, no debemos soslayar las importantes relaciones existentes entre la geografía y las políticas de organización del territorio.

La ordenación del territorio implica, antes que nada, una decisión política en el más alto nivel de la conducción de gobierno. Al elaborarse los planes de gobierno, muchas veces los diferentes sectores de la administración: educación, transporte, industria, salud, etc, se trataron desconectados de la realidad territorial del país, con las consiguientes consecuencias. Sin embargo, toda política llevada a cabo tiene su expresión en el territorio, más allá que este haya sido considerado o no.

Cuando se trata el tema de los movimientos políticos populares, se puede observar como la ordenación del territorio ha transitado por la pertenencia a un estado omnipotente y centralista, donde los agentes privados no fueron sujetos fundamentales de las políticas de ordenación. Y es aquí donde los factores políticos, económicos y geográficos se encuentran, se entremezclan y condicionan mutuamente.

Por todo esto el trabajo pretende incorporar todos estos aspectos, estudiando  no sólo los orígenes de dichos movimientos, sino también, una vez instalados, sus consecuencias. Al respecto, recorreré diferentes teorías, las que desde diferentes lugares pretenden explicar el fenómeno en cuestión. Algunos autores, como Ernesto Laclau, plantean la relación entre el liberalismo y la democracia, cimentando su estudio en las oligarquías liberales que organizaron los estados nacionales, y la reacción de las clases medias y populares formando partidos policlasistas. José Luis Romero encuentra el origen de dichos movimientos a partir del fenómeno de aculturación.

Por otro lado, Di Tella y Germani plantean las consecuencias de la modernización en el continente, y las asimetrías que provoca.

HIPÓTESIS

Entiendo que ante un tema tan complejo y polémico como el elegido, las siguientes hipótesis enunciadas son las más abarcativas del tema en cuestión.

“Los movimientos populares latinoamericanos, generalmente fueron nacidos de claras coyunturas reales, en particular situaciones sociales en las que los grupos nativos sufrían la dura explotación de las clases altas locales o de las grandes empresas internacionales”.

“Surgen como respuesta al manifiesto fracaso de las políticas liberales y a su falta de arraigo popular y nacional”.

METODOLOGÍA

El método aplicado en este trabajo es el hipotético-deductivo. Pretendo mediante hipótesis, establecer guías precisas hacia el problema o fenómeno que estamos estudiando. He elegido enunciar varias hipótesis, a modo de explicaciones tentativas del problema planteado. Dentro de la investigación científica, las hipótesis son proposiciones tentativas acerca de las relaciones entre dos o más variables y se apoyan en conocimientos organizados y sistematizados.

Surgieron del propio planteamiento, y han sido basadas en el análisis de varias teorías que surgieron de la investigación.

En un principio había muchas alternativas para definir operacionalmente una variable, finalmente elegí aquella que  proporcionaba mayor información sobre la variable, que captaba mejor su esencia, se adecuaba mejor a su contexto y era la más precisa. En cuanto al marco teórico utilizado, recurrí a bibliografía de tipo historiográfica, sociológica y geográfica. Las ideas filosóficas del siglo XIX y XX  sirvieron de sustento y de base para explicar los fenómenos políticos y sociales ocurridos en Latinoamérica a partir de 1930.

Las nuevas concepciones del espacio geográfico, sirvieron para analizar de una manera más vasta y más completa, a los fenómenos antes enunciados.

“A primera vista, la Geografía y la Historia pueden cubrir perfectamente el cometido que se proponen: al fin y al cabo, todo lo social se desarrolla en el espacio y en el tiempo, que son las dimensiones que dan sentido a estas disciplinas.” (…)

Fernandez Enguita, M. (1991)

LAS MATRICES POLÍTICAS EN LATINOAMÉRICA

Resultaría arbitrario e incluso inexacto, el pretender integrar el pensamiento político latinoamericano, con la sola finalidad de facilitar su estudio y su clasificación. Aún así resulta innegable que muchos de sus procesos, tanto políticos, como económicos y sociales, están íntimamente relacionados entre sí.

Se desprende de este pensamiento, que la historia del desarrollo latinoamericano, no puede ser la mera yuxtaposición de sus historias nacionales. Tras un proceso colonial en común, el movimiento emancipador había creado a principios del siglo XIX, un conjunto de países de idéntica raíz, constituidos a la luz de situaciones muy semejantes, y con un futuro que ya se insinuaba como muy problemático.

La clase política que había heredado el poder tras la independencia abolió muchas de las instituciones, impuestos y derechos de aduana en concordancia con el liberalismo del siglo XIX; pero sus grandes esperanzas se desvanecieron con la crisis política y la decadencia económica que caracterizaron los primeros años de la mayoría de las nuevas naciones. Fue a mediados del siglo que los caudillos tomaron las riendas del poder político, económico y social en casi toda la región.

Si tratáramos de periodizar el pensamiento latinoamericano de los últimos cien años, en relación con la política, la primera mitad del siglo presenta etapas claramente identificables, en tanto que la segunda mitad es mucho menos definible en cuanto a sus momentos distintivos. Quizás una forma de describir este pensamiento político, es señalar sus diferencias con la trayectoria europea del siglo XIX.

Fue en Europa donde se dio una progresiva integración entre liberalismo y democracia, a tal punto que, después de un largo y complejo proceso, ambos conceptos lograron confluir en un discurso político unificado. A principios del siglo XIX el liberalismo[2] era considerado un sistema de gobierno altamente respetable, basado en la división de poderes y en un régimen político representativo, en tanto que la democracia era un término peyorativo, asociado con el jacobinismo[3] y el gobierno de la turba. Fue solamente a través de un largo proceso, que los dos términos llegaron a implicarse mutuamente.

Lo que va a ser característico del desarrollo ideológico latinoamericano es que esta implicación mutua entre liberalismo y democracia no habría de verificarse nunca de modo acabado. Las oligarquías liberales que organizaron los estados nacionales en el último tercio del siglo XIX no eran democráticas en el sentido estricto de la palabra.

La actitud de la palabra se transformó en propiedad de las oligarquías que controlaban la riqueza. Así vastos sectores de las clases medias y populares comenzaron a reaccionar contra estas nuevas minorías. La expresión política de esa reacción fueron partidos policlasistas, que apelaban a sentimientos primigenios relacionados con las clases humildes en particular.

El politólogo Ernesto Laclau sostiene que fue en torno a este corte histórico, que emergieron las matrices fundamentales del pensamiento político latinoamericano del siglo XX. “Este fue el momento de los reformadores democráticos de clase media que intentaron democratizar internamente al sistema liberal: Madero en México, Battle y Ordóñez en Uruguay, Irigoyen en la Argentina, Ruy Barbosa en Brasil, Alessandri en Chile.”[4]

Hipólito Yrigoyen, Presidente argentino (1916/1922; 1928/1930)

En el caso del Uruguay, las reformas democráticas lograron realizarse dentro del marco liberal democrático y en el caso argentino el acceso del radicalismo al poder condujo a una democratización interna del régimen liberal; pero en el resto del continente las reformas necesitaron el derrocamiento de los regímenes parlamentarios y la aparición de un nacionalismo popular antiliberal basado (en la mayoría de los casos), en el poder de las fuerzas armadas.

El liberalismo del siglo XIX se hizo cada vez más conservador en el ámbito sociopolítico en tanto que sus programas económicos favorecieron el surgimiento y desarrollo de las clases medias y trabajadoras urbanas. En algunos países, especialmente Argentina y Brasil, la inmigración europea extensiva aceleró el crecimiento. Ésta organizaría partidos políticos más modernos para hacer frente a las viejas elites liberales. Las nuevas clases sociales exigieron cada vez más su participación en la vida política. Entretanto, la población rural continuaba viviendo en la más profunda pobreza y opresión, si bien elementos revolucionarios empezaron a aparecer en su seno a lo largo del siglo XX. La migración rural a las ciudades se convirtió en algo habitual y característico, a menudo creando extensos cordones de miseria y marginación social, y aunque se mantuvo la desigualdad en el modo de vida entre la ciudad y el campo, la producción agrícola continuó siendo el pilar de la economía de explotación de Latinoamérica.

El golpe de gracia –por así decirlo- lo constituyó la crisis económica mundial de los años 30, que socavaría las bases en las que se fundaba la hegemonía liberal oligárquica.

Las revoluciones, dirigidas y promovidas generalmente por las clases medias y apoyadas por los trabajadores y el campesinado descontento, tuvieron lugar en México, Brasil, Argentina, Guatemala, Bolivia, Cuba, Nicaragua y en otros países; en todas ellas, sus líderes adoptaron diversas ideologías emergentes (populismo, nacionalismo, socialismo).

En la opinión de José Luis Romero[5], Latinoamérica, como otras regiones que eran áreas coloniales dependientes de otros países, tienen un desarrollo ideológico que no puede entenderse sino a partir de los fenómenos de aculturación que se han operado en ella. Es así que las grandes corrientes de ideas que tenían influencia en los países que influían e influyen el Latinoamérica se integran con un componente social de prestigio (las clases altas, más adineradas) que les atribuye una significación distinta de las que se les atribuiría si se las midiera en relación con las situaciones reales predominantes en Latinoamérica.

“Como se ha hablado de la recepción de la cultura griega en Roma, o de la recepción del derecho romano en la Edad Media, creo que se puede hablar de la recepción de la democracia como sistema institucional en Latinoamérica. Esta misma tesis la he sostenido con respecto a la Ilustración, al positivismo liberal y al socialismo. He señalado que la recepción de tales corrientes ideológicas se produjo a través de grupos urbanos ilustrados, cuyo grado de coherencia con el resto del conjunto social era escaso, y se hizo menor aún por su adhesión a esas ideologías.”[6]

Este pensamiento nos parece muy significativo, ya que no puede negarse que estas ideologías han sostenido una notable influencia, pero el análisis de sus contenidos no nos ayudaría mucho a entender los problemas latinoamericanos. La generación liberal del 80 en nuestro país ha sido, quizás, una muestra que lo expresado por Romero fue real.

Este “fracaso” de las políticas liberales en Latinoamérica, por lo menos en lo que se refiere a su alcance a la totalidad del conjunto social, es atribuido por  el ensayista Carlos Alberto Montaner[7], a que en nuestra sociedad, no prevalecen los valores liberales. Considera que “A partir del siglo XVI, época en que en Inglaterra, Alemania, Holanda y Francia comenzó a arraigar definitivamente la nueva ciencia empírica basada en la experimentación, período en que en el norte y centro de Europa se desató la pasión por la tecnología y se abrió paso la idea del progreso material como  objetivo final de la convivencia social, en España, en cambio, triunfaron de manera clarísima el pensamiento escolástico y el viejo espíritu medieval, (…) España debe haber sido el tipo de Estado represivo constituido para impedir a sangre y fuego la llegada de lo que algunos historiadores llaman la Edad Moderna.” (…) mentalidad social que se transmitiera íntegramente a los criollos latinoamericanos.[8]

Es en Europa donde, a finales del siglo XVII, se le da un giro radical a las relaciones de poder, introduciéndose así lo que puede llamarse el “constitucionalismo” o –lo que viene a ser lo mismo- el Estado de Derecho. Es decir, sociedades que no delegan la autoridad en familias privilegiadas, sino en el derecho natural y en la voluntad del propio pueblo, ambos consagrados en textos legales que se colocan por encima de todos los ciudadanos, incluida la familia real.

Cuando el constitucionalismo se convirtió en una verdad mayoritariamente compartida por la sociedad, cuando el pueblo se sintió soberano porque regía un texto constitucional y no un elegido por la gracia de Dios, de forma inadvertida, se invirtieron los papeles que desempeñaban gobernantes y gobernados. Gobernar se convirtió en administrar los fondos asignados por los ciudadanos mediante el pago de los impuestos. En España, y por extensión en Latinoamérica, nunca sucedió esta grandiosa metamorfosis.

Por el contrario, las elites dominantes encontraron en el fraude electoral, la forma de perpetuarse en el gobierno. La crisis de los años 30, y el rápido ascenso de las clases populares, fueron minando las bases en las que se fundaba la hegemonía liberal oligárquica.

Si la primera mitad del siglo fue dominada por la antinomia liberalismo/nacionalismo, las décadas posteriores a los años 50 habrían de organizar el pensamiento político en torno a una serie sucesiva de modelos: el desarrollo autosostenido, el planeamiento y los cambios estructurales. El neoliberalismo expresó que lo que contaban eran los modelos económicos y que las formas políticas eran simples instrumentos más o menos adecuados para la aplicación de aquellos.

Fue sólo la experiencia de las dictaduras militares de los años 60-80 que volvió a poner en primer plano la preocupación por los valores estrictamente políticos.

Es, en el divorcio existente entre las ideas liberales y el conjunto de las clases sociales, donde se encuentra la matriz del nacimiento de los movimientos populares en Latinoamérica.  Que van a surgir como la respuesta de un pueblo marginado por grupos liberales ilustrados, para quienes el progreso de su país se confundía con el progreso de los grupos a que pertenecían.

Lo cierto es que estos grupos liberales ilustrados, promovieron a su manera un cambio socioeconómico en sus respectivos países, pero que, en todos los casos, produjo una “acentuación de la movilidad social y algunas veces un decidido ascenso en distintos grupos de las clases populares”[9]. Una de las primeras consecuencias fue la demanda de acceso a la vida política por parte de sectores antes marginales; de ella devino una lógica reacción negativa por parte de los grupos liberales ilustrados que detentaban el monopolio del poder, quienes muy pronto estrecharon sus filas y comenzaron a adquirir los rasgos de una oligarquía cerrada, dispuesta a defender sus privilegios.

Este fenómeno, como muchos otros a lo largo de los últimos siglos, se advierte en casi todos los países de Latinoamérica. Cuando las oligarquías descubrieron  que les era difícil gobernar, cuando empezaron a producirse huelgas o movimientos subversivos o de alineamiento de los sectores populares en organizaciones políticas que tenían algún matiz revolucionario, no vacilaron en recurrir al ejercicio autoritario del poder, generalmente bajo la forma de una dictadura.

Por una parte empezó a desarrollarse una fuerte tendencia a los estudios sociológicos, inspirada generalmente en Comte[10] y en Spencer[11], cuyo objetivo era encontrar las causas del estado de inquietud social que caracterizaba la vida latinoamericana; y por otro lado comenzó a fortificarse una corriente de pensamiento político que justificaba el papel de las aristocracias y la función de los gobiernos fuertes. En algunos casos, ambas corrientes coincidieron en sus proposiciones finales.

Pero no todos los grupos privilegiados cerraron sus filas, hubo también respuestas positivas. Así a fines del siglo XIX, encabezaron estos movimientos hombres de las viejas elites, todos sensibles a las nuevas preocupaciones y receptivos frente a las perspectivas nuevas que se abrían en sus respectivos países[12]. Algunas veces, como en el caso de la Unión Cívica Radical en la Argentina, encabezada sucesivamente por Leandro N. Alem y por Hipólito Yrigoyen, el acento del movimiento estaba puesto principalmente sobre la vigencia de la democracia formal. Pero aún flotaba un vago sentimiento de reivindicación social de las clases marginales. Este sentimiento fue aún más explicito en otros movimientos: el que encabezó González Prada en el Perú; el que se constituyó en Chile con Arturo Alessandri. Acaso pudiera agregarse- el movimiento que encabezó en Venezuela Rómulo Betancourt y los que orientaron en otros países Muñoz Marín en Puerto Rico, Figueres en Costa Rica, Arévalo en Guatemala, y otros de menor resonancia.

En general, podría decirse que fueron movimientos de raíz liberal, un poco más perceptivos hacia los problemas sociales.

Pero lo más singular en el proceso de formación de las corrientes de opinión en Latinoamérica, es la constitución espontánea de movimientos populares, que surgen por fuera de los tradicionales aparatos ideológicos. Movimientos de este tipo, fueron los ya citados, en Nicaragua, Cuba y México, y también los que condujeron a la formación del APRA en Perú, los que se canalizaron en  el Movimiento nacional Revolucionario en Bolivia o los que acaudillaron Vargas en Brasil o Perón en Argentina.

Getulio Vargas (Brasil) Juan Perón (Argentina)

Por su propia naturaleza, es difícil establecer los contenidos ideológicos de tales movimientos. Es innegable que todos tuvieron aquellos rasgos de arraigo popular que ya han sido señalados. Esto supone ciertas tendencias. Unas veces eran movimientos de clase, orientados por las oligarquías tradicionales y con un cierto contenido revolucionario en relación con la estructura económica social. Otras agregaban a esos rasgos ciertas actitudes derivadas de enfrentamientos raciales. Y en algunos casos entrañaban y una violenta reacción contra los grupos extranjeros bajo la forma de movimientos antiimperialistas. Esta última actitud solía arrancar de un planteo nacionalista. Y como todos estos componentes movían a la acción y arraigaban en sentimientos profundos de sectores de escasa experiencia política, se dieron mezclados con un retorno a la concepción paternalista de la política cuya expresión tradicional era el personalismo.[13]

Concepto de Movimientos Populares

Algunas Teorías populístas encuadran a estos tipos de fenómenos dentro del marco de la modernización de América Latina, como un fenómeno que surge por las asimetrías características de la modernización en este continente, en contraposición al proceso de modernización europeo.

Así, Gino Germani y Torcuato Di Tella[14]lo desarrollan en contraposición a las sociedades tradicionales.  Entre el modelo europeo y el latinoamericano:

En Europa se fue dando una extensión progresiva y escalonada de, primero los derechos civiles, luego los políticos y por último los sociales.  En América Latina se vio una inversión en el orden de los fenómenos.  En el modelo clásico europeo, el despliegue económico precedió al de la movilización extensa de las clases populares.

En América Latina, a diferencia, esta movilización surgió en un grado diferente de relación entre una correspondencia entre la movilización gradual de una proporción creciente de la población y la aparición de múltiples mecanismos de integración:  sindicatos, escuelas, legislación social, partidos políticos, consumo de masa, sufragio; que son capaces de absorber estos grupos sucesivos y de proporcionarles medios de expresión adecuados al nivel económico, político o cultural (movilidad ascensorial de participación creciente).

El contexto de la modernidad y circunstancias de su surgimiento en América Latina.

En los países centrales, según el proceso de crecimiento de participación, surgieron, en el estadio de “participación limitada” (Germani)15 mecanismos formales y reales apropiados para el funcionamiento de la vida política basada en el consenso fundamental de los grupos participantes.

La difusión de una conciencia nacional entre las clases populares fue el factor- efecto de la integración.

En América Latina, según estos autores, faltó ésta sincronización.  Le faltó incorporar población que todavía se encontraba al margen de la comunidad nacional.  Hay retraso en la formación de los mecanismos de integración.

La posición y las actividades de la clase popular recién movilizada serán muy distintas, por la rapidez del proceso de movilización y por el tipo de estructura social en que se produce ésta.

El fenómeno del populismo es consecuencia de un proceso de modernización en circunstancias diferentes a las de Europa, y hasta con una ideología totalmente modificada por el contexto histórico en el que se desarrollan.  Por eso el  fenómeno e POPULISMO es típico de una región determinada, y un tiempo histórico enmarcado. Lo mismo que el fascismo u otras expresiones políticas de masas.

En Europa, durante el proceso de modernización, luchaban los trabajadores contra la burguesía, pero compartían algunos de sus ideales, como la democracia liberal: cambios en la estructura social, partidos políticos, que favorecían la integración al sistema representativo.

En América Latina, en cambio, la movilización surge después de las crisis de las democracias liberales y dentro de una situación de dependencia.

Este reagrupamiento de fuerzas sociales intentan dar respuesta a ese hecho nuevo que es el acelerado crecimiento industrial y sus consecuencias sociales.  Todo proceso de industrialización por sustitución de importaciones o “industrialización sin revolución industrial” como paso en América Latina plantea características diferentes a las de los modelos clásicos en la estructura económica.  Promueve alternativas particulares en la dimensión sociopolitica, según el tipo de estratificación, alianzas de clases políticas, papel del Estado y de los grupos políticos. En su dimensión sociopolitica, surgen en estos países los “Movimientos nacionales-populares”.  Sus principales características son:

  • Ideologías anti status quo
  • Autoritarismo.
  • Nacionalismo.
  • Algunas formas de socialismo, colectivismo o capitalismo de Estado.
  • Movimientos que han combinado contenidos ideológicos opuestos.

Parece ser la forma apropiada de intervención en la vida política nacional de las capas sociales no tradicionales, en el transcurso de la movilización acelerada.  Aparecen en América Latina en cuanto el grado de movilización rebasa la capacidad de los mecanismos de integración.

Dos categorías de los Movimientos Populares:  Nacional y Popular

El Populismo contiene dos aspectos fundamentales, los cuales tratan de integrar a la sociedad en un todo superior a las diferencias económicas, políticas, sociales o culturales que puedan existir, reemplazando a los mecanismos clásicos de integración (como los partidos políticos, todo tipo de asociaciones secundarias, etc.).  Estos elementos son ideológicamente integrantes, en una sociedad que ha sufrido muchos cambios, como en Argentina (inmigración masiva, cambios en medios de producción de rural a industrial, etc.). En circunstancias sociales y políticas determinadas (dependencia, deterioro de los términos de intercambio, cierre del comercio internacional, etc.).

Estos dos aspectos pueden ser llamados:

¨      NACIONAL

¨      POPULAR

Aspecto Nacional

En América Latina, la movilización se produce junto con la transferencia de adhesiones de la comunidad local a la nacional.

La movilización es un proceso que se dio con mas facilidad que en Europa, por la intervención de la variable ”dependencia”, la cual ayuda a introducir el elemento nacional:

¨      Se acusa a la oligarquía (grupo gobernante) de “colonialista”.

Las elites revolucionarias aprovechan esta situación y traducen las aspiraciones de clases populares a una fórmula: “el interés nacional”.

En Europa la “Nación” era la patria de los burgueses (ubíquese en contextos históricos diferentes),  propugnada por los movimientos de izquierda del siglo XIX, los cuales poseían tendencias universalistas.

En América Latina, a diferencia, “Nación” es la expresión autentica y única del interés nacional, el pueblo.  Y la oligarquía y burguesía son defensoras de los intereses extranjeros.  Asimismo, estas ultimas facciones no aceptan ser llamadas colonialistas y se produce allí en desarrollo general de la ideología nacionalista.

Por otra parte, el sentimiento de pertenencia nacional cumple con una función de integración sumamente importante, ya que asegura la cohesión entre grupos muy diversos que se desprenden de pequeñas comunidades locales, como ser el abandono de la chacra para ir a trabajar a la ciudad.

El aspecto Popular

Algunos creen que este puede ser el aspecto fundamental.  Esta articulación en torno a la categoría de “Pueblo”, independientemente de las bases sociales a las que se refiere o por las que este constituido el régimen.  “Ha habido muchos movimientos populístas, cada uno con bases sociales diferentes (rurales, obreros) pero todos articulados en torno a la categoría de pueblo.”

Este aspecto popular, además de la importancia ideológica, se relaciona con un aspecto físico, como es la movilización efectiva.  Puede ser por desplazamiento físico (migración campo a ciudad, manifestaciones masivas) o un proceso psicológico en las mismas zonas rurales (efecto asincronismo, donde conviven en todos los aspectos de la cultura, elementos tradicionales con los más modernos).

En todo caso, esta capacidad de movilización depende de la naturaleza de las elites; si estas son capaces de organizar o controlar las movilizaciones de esas masas en las que se apoyan.

En AMÉRICA LATINA  la movilización tiene características peculiares.  La naturaleza de la participación no fue por mecanismos de democracia representativa como ser: derechos individuales de expresión, de voto, derechos de organizarse, etc.; o por partidos políticos.  Esto produce una verdadera situación anómica para estos nuevos grupos, cuya “disponibilidad” puede dar origen a nuevos movimientos dirigidos por elites dotadas de la flexibilidad necesarias para utilizarla.

Dentro de la teorización de  Di Tella16 el Populismo es un movimiento con fuerte apoyo popular, con participación de sectores de clase no obreras (elites) con importante influencia en el partido, sustentados por una ideología status quo.   Estos grupos ajenos a la clase obreras pueden ser:

–       Sectores de la burguesía.

–       Ejercito

–       Clero

–       Individuos de clase media inferior

–     Intelectuales

Este pueblo participa con el ejercicio de cierta libertad efectiva antes desconocida, con consecuencias en la conciencia que producen también cambios efectivos.

Para Gino Germani hay dos conceptos claves:

¨      La movilización: proceso por el cual grupos anteriormente pasivos adquieren un comportamiento deliberativo (de intervención en la vida nacional).

¨      La integración: movilización que se lleva a cabo a través de los canales políticos institucionales vigentes y es así legalizada por el régimen imperante.

Así, dentro de esta teorizaron, podemos inferir que América Latina no tuvo integración, sino pura movilización.

“Esa referencia de pueblo como masa homogénea en la que no se distinguen clases sociales, definido en forma difusa, denota una clara intención de lograr un movilizacionismo policlasista y duradero, que se constituya en el sostén de políticas nacionalistas industriales, con las que la burguesía nacional es estimulada para conducir el proceso de industrialización con el apoyo del Estado,  Todo con aglutinamiento en torno a un líder carismático.”17


[1] COMES, PILAR. “Enseñar y aprender Ciencias Sociales, Geografía e Historia en la educación secundaria”.

[2] El liberalismo es una concepción de la sociedad que privilegia la libertad del individuo frente al Estado y la sociedad. Consagra a la libertad privada como un derecho fundamental y un principio que debe garantizar el sistema político y económico. Proclamó algunos principios básicos, como la libertad de culto y de expresión, la libertad de comerciar y la de asociarse. Todos ellos característicos de un nuevo orden social, el capitalismo.

[3] Jacobinismo, concepto que, en ciencia política, designa la actitud de determinados grupos o movimientos políticos de carácter radical que, arrogándose la voluntad y representación del pueblo, actúan como supuesta vanguardia del mismo, generalmente sin atender a los principios democráticos en los que fundamentan su acción.

[4] LACLAU, ERNESTO. “Las matrices políticas en Latinoamérica”. Artículo publicado en el Diario Clarín, Suplemento Zona, domingo 17 de octubre de 1999.

[5] José Luis Romero (1909-1977) es uno de los más destacados historiadores argentinos. Es autor, entre otras obras, de “La revolución burguesa en el mundo feudal”, “Las ideas políticas en la argentina” y “La experiencia argentina”.

[6] ROMERO, JOSÉ LUIS, “Situaciones e ideologías en Latinoamérica”. Capítulo  “Situaciones e ideologías en el siglo XX”, página 46.

[7] Ensayista cubano nacido en 1943, vicepresidente de la Internacional Liberal, autor, entre otras obras, de el  “Manual del perfecto idiota latinoamericano”.

[8] MONTANER, CARLOS ALBERTO, “No perdamos también el siglo XXI”. Plaza & Janés editores, España, 1997, páginas 28 y 29.

[9] ROMERO, JOSÉ LUIS, Op. Cit. Pág 45.

[10] Comte, Auguste (1798-1857), filósofo positivista francés, y uno de los pioneros de la sociología.

Afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por “tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo”. Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en esas nociones que hablan del Derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el análisis científico o “sociológico” (término acuñado por Comte) de la organización política. Bastante crítico con los procedimientos democráticos, Comte anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de doctos que empleara métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos y para imponer las nuevas condiciones sociales.

La mayor relevancia de Comte, sin embargo, se deriva de su influencia en el desarrollo del positivismo.

[11] Spencer, Herbert (1820-1903), teórico social inglés, considerado el padre de la filosofía evolucionista. Spencer destacó por sus investigaciones sobre el cambio social desde la perspectiva evolucionista. A pesar de que Spencer no logró crear escuela, su ambicioso intento de sistematizar todo el conocimiento dentro del marco de la ciencia moderna, y especialmente en términos de la evolución, le ha hecho merecedor de figurar entre los principales pensadores de finales del siglo XIX.

[12] Ibídem, página 47.

[13] Ibídem, página 49.

14. DI TELLA, Torcuato. “Populismo y reformas en  América Latina”, Londres, 1970

15 GERMANI, Gino. “Democracias representativas y clases populares”, Buenos Aires, 1977.

16 DI TELLA, Torcuato. Op. Cit.

17 DE LA VEGA, juan Carlos. “Diccionario consultor político”, Tomo rojo, 1994.

7 Responses to MOVIMIENTOS POPULARES EN LATINOAMERICA. Matrices políticas. Concepto de movimientos populares (Parte I)

  1. roberta sarmiento

    mmmmmmmmmmmm………….largo

  2. laurita yara

    que cosa tan larga no les parece noooooo no sacompadecen

  3. IVONNE

    EL INFORME ESTA COMPLETO Y ME HA SERVIDO DE SOBRE MANERA PARA UN EXAMEN FINAL………..

  4. Faaa

    mmmm no me funciona esto 🙁

  5. ocra

    q porqueria yo quiero es las movilizaciones populares en hispanoamerica del siglo18

  6. luis angel gonzalez

    muy especifico esta genial para los que nos gusta leer y aprender

  7. sara

    nooo esta super genial me sirvio muuuchoooo

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