MANUEL ALBERTI, en primera persona.

por Marcelo Musa

Nací en Buenos Aires en 1763. Estudié teología en la Universidad de Córdoba, donde obtuve el doctorado en Teología en 1785. Fui ungido como sacerdote el año siguiente.

En 1805 se me designó como cura párroco de la ciudad de Maldonado, en el actual Uruguay. Allí me sorprendieron las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, durante las cuales fui acusado de conspirar con jefes de las tropas españolas. Por esa razón, quedé encarcelado hasta la rendición de los ingleses.

En 1808 volví a Buenos Aires donde me hice cargo de una parroquia de la ciudad. En 1810 adherí a los movimientos políticos que desembocaron en la Revolución de Mayo. Participé en el Cabildo abierto del 22 de mayo, donde voté por el inmediato cese en sus funciones del virrey Cisneros.

Me desempeñé como vocal de la Primera Junta, en la cual apoyé varias de las propuestas de Mariano Moreno. Debido a mi carácter sacerdotal, fui el único integrante de la Primera Junta en votar en contra del fusilamiento de Liniers, que había encabezado una contrarrevolución en Córdoba.

En diciembre de 1810 voté a favor de la incorporación de los diputados de las ciudades del interior del antiguo Virreinato, lo cual llevó a la transformación de la Primera Junta en la Junta Grande. Dicha votación me distanció de Moreno, quien se había opuesto a dicha incorporación.

Siendo miembro de la Junta Grande, un paro cardíaco me provocó la muerte el 31 de enero de 1811. Fui el primer miembro de los gobiernos patrios en morir durante el ejercicio del cargo.

 

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