¿Existía un grupo independentista antes de la Revolución de mayo de 1810?

por Marcelo Musa

Una de las preguntas que desde los inicios de la historiografía argentina se hicieron los historiadores que se ocuparon de analizar la Revolución de Mayo es la siguiente. ¿Había, en 1808, antes de la invasión napoleónica a la península ibérica, un partido criollo organizado y con un programa independentista, que esperara una oportunidad propicia para independizarse de España?

Durante las décadas de 1960 y 1970 gran parte de los historiadores le dio una respuesta positiva a esa pregunta. Algunos plantearon que la Revolución de 1810 fue producto de la maduración de una burguesía ilustrada porteña, que deseaba instaurar el comercio libre y ocupar unas posiciones de poder que le estaban negadas en el régimen colonial. Otros, que fue una reacción, una expresión de descontento hacia los cambios introducidos por las reformas borbónicas, sobre todo la preferencia de la Corona por los peninsulares para ocupar los cargos más importantes de la administración colonial. Y no faltaron quienes, siguiendo las viejas tesis de Bartolomé Mitre, la plantearon como producto de la maduración de la nacionalidad argentina.

Improvisar sobre la marcha

Hoy en día esas interpretaciones han sido dejadas de lado. Existe un importante consenso entre los historiadores contemporáneos en señalar que en 1808 no existía un grupo de criollos que tuviera un proyecto independentista y que esperara una circunstancia favorable para tomar el poder y proclamar la Independencia. Esta posición, que sostienen reconocidos historiadores locales como Tulio Halperín Dongui, Luís Alberto Romero, Gustavo Paz o María Inés Schroeder, afirma que la crisis de la monarquía española sorprendió a las élites criollas hispanoamericanas y produjo un inédito vacío de poder. Y que ante ese vacío de poder, los criollos ilustrados de Buenos Aires debieron improvisar sobre la marcha, con un doble objetivo: evitar que el Río de la Plata cayera en manos de los franceses o que el poder pasara del virrey al llamado partido español, integrado por un grupo de comerciantes monopolistas peninsulares que creían necesario formar una junta de gobierno dirigida por ellos mismos si la posición del virrey Cisneros peligraba.

¿Qué argumentos han planteado los historiadores para sostener esta posición? Varios. Por un lado, que no existía un gran descontento entre los criollos porteños ante las reformas borbónicas. Todo lo contrario. Buenos Aires había sido beneficiada por tales reformas: se la transformó en capital virreinal, se puso un inmenso territorio a su cargo y se incluyeron dentro de los límites del nuevo virreinato las minas de plata de Potosí. Además, Buenos Aires, beneficiada por la apertura al comercio directo con España, creció vertiginosamente, su población aumentó y se radicaron en la ciudad muchos comerciantes extranjeros. Los beneficios mercantiles aumentaron en 1809, cuando el virrey Cisneros autorizó el comercio con ingleses, portugueses y holandeses. O sea que el comercio libre que reclamaban los comerciantes criollos, aunque provisional es cierto, en los hechos ya existía.

Radicales y moderados

Otro argumento para avalar la tesis de la inexistencia de un proyecto independentista antes de 1808, es la fractura que se produce entre los criollos revolucionarios luego de la toma del poder. Por un lado, estaban los radicales o jacobinos, que liderados por Mariano Moreno, pretendían proclamar la independencia y sancionar una constitución lo antes posible. Enfrentados a ellos estaban los moderados, comandados por Cornelio Saavedra y el deán Funes, representante de Córdoba. Ellos pretendían gobernar el Río de la Plata en nombre del rey cautivo, mientras se resolvía en Europa si Napoleón conquistaba el continente o si era derrotado. Esta posición moderada, cuya expresión es la famosa “máscara de Fernando VII”, fue la que se impuso y ese triunfo es el que explica que las Provincias Unidas del Río de la Plata demoraran 6 años en proclamar su Independencia.

Fernando VII

El triunfo de los moderados también explica la orden que el Primer Triunvirato dio a Manuel Belgrano, exigiéndole que ocultara la Bandera celeste y blanca que había creado en febrero de 1812. Una decisión, la de Belgrano, que a los miembros del Triunvirato les pareció absolutamente imprudente. Se estaba en guerra contra los realistas pero había que cuidar las formas, no fuera que los españoles creyeran que los criollos del Río de la Plata pretendían independizarse de España.

Un camino largo y lleno de obstáculos

El camino desde la Revolución de Mayo hasta la Declaración de la Independencia fue entonces lento y lleno de obstáculos. La caída del Primer Triunvirato y la convocatoria a la Asamblea General Constituyente, a fines de 1812, parecieron acelerar dicho tránsito. Pero fue un espejismo. La Asamblea, dominada por los diputados porteños y atemorizada por las noticias llegadas desde Europa (derrota de Napoleón e inminente regreso al trono de Fernando VII), ni proclamó la independencia ni sancionó una constitución. Hay que reconocer, sin embargo, que dió algunos pasos concretos en el camino que conducía a la ruptura con España, en especial la adopción de la marcha Patriótica y el Escudo como símbolos patrios y la eliminación del juramento de fidelidad a Fernando VII. Pero repárese que se evitó hacer cualquier mención a la bandera creada por Belgrano.

La Independencia finalmente se proclamó el 9 de julio de 1816 en un contexto internacional de lo más complicado: los realistas habían aplastado la revolución mexicana y reconquistado Nueva Granada, Venezuela y Chile. Morelos e Hidalgo estaban muertos, Miranda preso, Bolívar, Carrera y O’ Higgins exiliados. Sólo el Río de la Plata, Paraguay y la Banda Oriental resistían. Entonces, ¿por qué la independencia precisamente en ese momento tan difícil? Sencillamente por que los dirigentes porteños comprendieron que o aceptaban la sumisión al absolutismo restaurado de Fernando VII o declaraban formalmente la independencia. Rápidamente se convencieron de que ya no había margen para negociar ni para dar marcha atrás. Y fue entonces que se decidieron por la independencia.

 

 

 

 

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