LATINOAMÉRICA, el espacio y el sujeto

El espacio geográfico de América Latina fue percibido como un bloque, es decir, fue visto como una unidad sólo desde el Viejo Mundo. Esta visión histórica constituye ya un punto de partida ineludible para cualquier abordaje espacial. De hecho, el continente americano que confundió a Colón en su búsqueda de las Indias tiene 30.000 km de costas, y constituyó, hasta la inauguración del canal de Panamá, una inmensa barrera natural entre el Atlántico y el Pacífico, franqueable únicamente a través del tormentoso y peligroso estrecho de Magallanes. Pero, ¿de cuantas Américas podemos hablar?

¿De tres, o de dos? Veamos: una del norte y otra del sur, separadas por la tropical o central. Estos espacios están delimitados geográfica e históricamente. ¿Cuál criterio es el que debe imponerse?

Panamá, ¿es una nación de América Central?, geográficamente podríamos decir que si, pero históricamente, este país (ex provincia colombiana) no formó parte de los cinco Estados Federados que pertenecían a la Capitanía General de Guatemala.

¿México? Para los geógrafos pertenece a América del Norte, junto con los Estados Unidos y Canadá, pero la Historia la señala inequívocamente como nación Latinoamericana. En definitiva, a lo largo y ancho del enorme continente americano, en los últimos quinientos años la acción humana ha desarrollado identidades culturales que lo dividen en dos grandes áreas: la anglosajona y la latina: historia de larga duración que contradice lo que marca la geografía. De ese proceso surge América Latina como un subcontinente enteramente mestizo.

¿De quién debemos hablar cuando nos referimos al sujeto latinoamericano? La colonización europea nos redujo a la unidad, anulando la identidad de los más de cien grupos autóctonos existentes antes de la llegada de Colón a estas costas, como los aztecas, los araucanos, los caribes, los incas, los guaraníes, los chimúes, los comanches, los puelches, los siux, los apaches, los mayas, los matacos, los mochicas, los patagones, los quechuas, los querandíes y los tobas; todos ellos y muchos más pasaron a llamarse lisa y llanamente indios. Pero los indios nunca han existido en América si no es en la imaginación del europeo. En palabras de Miguel Rojas Mix: “La identidad del indio no es otra cosa que una imagen impuesta. Ni un nombre racial ni tribal; simplemente la designación del vencido”.

Gonzalo Aguirre Beltrán, dice que “el término indio, impuesto por el colonizador español, nunca determinó una calidad étnica, sino una condición social; la del vencido, la del sujeto a servidumbre, por un sistema que lo calificó permanentemente de rústico, de menor de edad”.

Bibliografía:

CIBOTTI, Ema, Una introducción a la enseñanza de la historia Latinoamericana, FCE, Buenos Aires, 2004.

ROJAS MIX, Miguel, Los cien nombres de América, Editorial Lumen, Barcelona, 1991.

 

 

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