MUNDUS NOVUS, cuando América aparece en el mapa mundial, a pesar de la tosudez de Colón

La  Lettera de Vespucio en traducción latina y el mapamundi del monje Waldseemüller circularon rápidamente por Europa; fueron lo que hoy llamaríamos un best seller. En el año 1507 se hicieron dos impresiones, y al año siguiente se agotó la edición de mil ejemplares. ¿Y Colón? El “Almirante de la Mar Océana” vivió y murió apegado a la “asiaticidad” de esto que por comodidad (y consenso) vamos a llamar “América”. En el primer viaje, los nativos son “indios”, emisarios del Gran Kahn. No lo inventa, lo ve así. ¿Cómo siguió todo esto? ….

En el segundo viaje, la “evidencia” ya es de corte jurídico: le hace afirmar y firmar a toda la tripulación bajo serias intimidaciones que la isla de Cuba es Tierra Firme. Lo del tercer viaje es más audaz: desconcertado por el dulzor de las aguas del río Orinoco (y un poco decepcionado por no encontrar el paso hacia el Índico) construye una  Interpretación fabulosa y antigua: ha llegado al Paraíso Terrenal y la Tierra ya no es redonda sino que tiene forma de pera, o “como un seno de mujer cuyo pezón estaría bajo la línea ecuatorial en el fin de oriente”. Un dato que contribuye a echar luz sobre la tozudez del almirante es el significado de la idea clásica de ecumene asociada a un universo cerrado y perfecto de tres partes. Y aquí el imaginario judeocristiano y sus autoridades medievales son la clave explicativa del arraigo a esa tripartición: los tres hijos de Noé, la Santísima Trinidad, la perfección cabalística del número tres, los tres Reyes Magos, etc. Entonces, América fue incómoda desde el principio: no entraba en el mapa. Esa “cuarta parte” puso en cuestión los cimientos mismos de toda una Cosmovisión, abrió la grieta para repensar el cosmos, el geocentrismo, las autoridades. La “modernidad” y “occidente” aparecían en el horizonte. Hasta aquí, este es un asunto “europeo” (excediéndonos un poco en la consideración de “europeo”, espacio sociocultural que tampoco estaba consolidado). Del lado “de acá”, antes de la llegada de los conquistadores, tampoco había un nombre, un colectivo. Esa totalidad supuso una creatio ab inis, otra tarea especulativa, esta vez, sobre los cadáveres de millones de “aborígenes” o indios. El concepto “indio” (resultado del equívoco inicial) no es una denominación geográfica, ni étnica, ni clasista. Es la denominación del vencido. Tras ese “genérico” se borraron las múltiples identidades originarias.

Las “Indias Occidentales” devinieron -jurisprudencia mediante- “Provincias de Ultramar” de la Corona de Castilla. Los “indios”, vasallos libres y hasta seres humanos, “por gracia” del papa Paulo III.  Las identidades, como dice Rojas Mix, son un gerundio, no un participio pasivo, un “estar siendo” y, en términos históricosociales, son las épocas de crisis las que las evidencian y resignifican.

Así, la frase “Nuestra América” hacia fines de la dominación colonial marcó una alteridad respecto de la metrópoli. “Nuestra América” de Miranda abre el proceso de las independencias de la Corona de España; “Nuestra América” de Martí lo cierra un siglo después.

AMÉRICA LATINA. LOS NOMBRES DEL NUEVO MUNDO, en EXPLORA, Las ciencias en el mundo contemporáneo. Programa de capacitación multimedial, Ministerio de Educación, Presidencia de la Nación.

Autora: Dra. Patricia Funes (UBA y CONICET) | Coordinación Autoral: Dra. Patricia Funes (UBA y CONICET) y Mgt. Axel Lazzari (UBA)

Imagen: http://losviajesdecristobalcolon.blogspot.com/2010/01/dibujo-del-descubrimiento-de-america.html

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