A 60 AÑOS DE EVITA, LA PERSISTENCIA DEL MITO

A 60 años de la muerte de Eva Duarte de Perón, la Presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, anunció la impresión de un nuevo billete de cien pesos con el rostro de quien fuera la segunda esposa de Juan Domingo Perón, y que paulatinamente reemplazará a los actuales billetes que cuentan con el rostro de Julio Argentino Roca. Hoy como ayer, la figura de Eva sigue generando sentimientos encontrados. Amada y odiada, la “abanderada de los humildes” sobrevivió inmaculada y vigente al odio encarnizado de sus enemigos. ¿Por qué esta joven mujer se había ganado el odio de un importante sector de la sociedad? Milcíades Peña habló del “producto de las necesidades, ansiedades y fantasías de la gente pobre”. Aquí prefiero coincidir con Eduardo Galeano, cuando afirma que: “La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente.Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta (…) Evita se había salido de su lugar.” Interesantísimo resulta el tratamiento que la “Historia oficial” hace de Eva y del peronismo. El que lo explica mejor que nadie es Felipe Pigna, de quien rescatamos el siguiente fragmento. Para pensar. “La historia liberal clásica, devenida últimamente en la autodenominada “historia social”, ni siquiera hace el esfuerzo por comprender históricamente al peronismo, sino que lo estudia como un “fenómeno” al que intenta escamotear o disimular en sus libros como parte del proceso de los “populismos latinoamericanos”. Comprender no quiere decir justificar, sino exactamente entender la complejidad de un período que cambió la historia y atravesó la producción política contemporánea. Se parte en esos textos de una ajenidad aparentemente dada por la pertenencia al campo intelectual y a partir de allí se procede a juzgar aquel proceso como una anormalidad institucional y social. En cambio, a las etapas anteriores se las estudia indulgentemente desde la perspectiva de la historia institucional, pasando por alto el fraude, la miseria, la marginación y la represión de esos períodos modélicos que se rescatan acríticamente; así ocurre con la Argentina de 1910, puesta como ejemplo de épocas añoradas durante los debates del bicentenario por los más eminentes representantes actuales de la llamada “historia social”. Esa indulgencia con el modelo liberal agroexportador triunfante en 1910, que excluía, según las estadísticas oficiales, a más de la mitad de la población, que vivía en la miseria, se vuelve aguda crítica frente al peronismo y sus protagonistas en general y a Eva Perón en particular. Se la ve, en el mejor de los casos, como un emergente, como un producto de Perón, fanatizado e incapaz de producir política (…) El odio de sus encarnizados enemigos la sobrevivió. Dinamitaron el lugar donde murió para evitar que se convirtiera en un sitio de culto, prohibieron su foto, su nombre y su voz, pasaron con sus tanques por las casitas dela Ciudad Infantil hasta convertirla en ruinas, abandonaron la construcción del hospital de niños más grande de América porque llevaría su nombre, echaron a los ancianos de los hogares modelo, quemaron hasta las frazadas de la fundación, destrozaron pulmotores porque tenían el escudo con su cara, secuestraron e hicieron desaparecer su cuerpo por 16 años. Pero como sospechaban los autores de tanta barbarie, todo fue inútil”.

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