PACTO NEOCOLONIAL EN LATINOAMERICA. Capitales e inversión

Hemos visto que en el marco de la 2da Fase de la Revolución Industrial, Latinoamérica ingresa en el mercado mundial como exportador de productos agropecuarios, dentro de un “nuevo Pacto colonial” o Pacto Neocolonial, en el que las potencias no sólo compran las materias primas latinoamericanas, sino que vuelcan aquí sus numerosos productos (manufacturas de origen industrial). Para que este nuevo Pacto se lleve a cabo, necesitará de algunos elementos.

a) Explicamos como se implementó el modelo agroexportador.

b) Vimos que sucedió con la propiedad y el uso de la tierra una vez implantado el nuevo modelo.

c) Vimos que pasó con la mano de obra.

d) ¿Y los capitales necesarios para llevar adelante el modelo?

CAPITALES e INVERSIONES

El impulso a la producción exportadora provocó, a su vez, el mejoramiento y la ampliación de la red de transportes que permitieran llevar los productos exportables hasta los puntos de salida. En este sentido, la expansión de los ferrocarriles fue decisiva. Cuba y México fueron los primeros en inaugurar una línea férrea en la década de 1830, y en la segunda mitad del siglo la extensión de la red fue vertiginosa en la mayoría de los países, generalmente adoptando un diseño que conectaba las zonas productivas con los puertos exportadores.

También en pocos años se transformó la infraestructura de los puertos, y creció y se diversificó notablemente el sistema financiero y comercial; surgieron o se expandieron también empresas ligadas al almacenamiento y procesamiento de los productos primarios. Fue especialmente en las ciudades portuarias y en las capitales administrativas donde se produjeron las mayores novedades, que implicaron por ejemplo la aparición de nuevos medios de transporte urbano como el tranvía y más adelante el subterráneo, o la extensión de los servicios públicos de electricidad, gas, y obras sanitarias, entre otros.

Toda esta expansión requirió de fuertes inversiones de capital, buena parte de las cuales provinieron del exterior. En este sentido, se dio de hecho cierto reparto de tareas entre los capitales de origen local y aquellos que empezaron a fluir desde los países centrales. Las familias terratenientes que desde tiempos coloniales controlaban buena parte de la tierra vieron y aprovecharon la oportunidad de incrementar sus propiedades y con ello su participación en el negocio de la exportación; como vimos, esto se dio quitando las tierras de las comunidades o de la Iglesia, o como beneficiarios privilegiados del reparto de los territorios conquistados por la fuerza a los indios  y de la distribución de los terrenos estatales baldíos. Pero al mismo tiempo, para los capitales europeos o norteamericanos esta transformación era una gran oportunidad para invertir obteniendo suculentas ganancias, en general con una tasa de beneficio mayor que la podían lograr en sus propios países. Esta búsqueda de negocios rentables por capitales externos no fue objetada por las elites locales: por el contrario, ellas las recibieron gustosamente como un complemento necesario para su propia expansión productiva, ya que se dirigían a actividades en las que ellas preferían no arriesgar su dinero. En principio, fueron los capitales ingleses, y en menor medida franceses y alemanes, los que empezaron a fluir en magnitudes inéditas hacia distintos puntos de América Latina, en particular hacia los países de América del Sur; el capital norteamericano comenzará a sumarse al juego más tardíamente (sobre todo a partir dela Primera Guerra Mundial), pero ya a fines del siglo XIX llegaban importantes inversiones a algunos países, particularmente a México.

Las clases dominantes latinoamericanas siguieron controlando así la mayor parte de la inversión en la esfera de la producción, sobre todo en el sector agrario, a partir de su control sobre la propiedad de la tierra. Sin embargo, hubo algunos productos que atrajeron un fuerte interés de los capitales externos, los que lograron predominar en algunas zonas: se trata, por un lado, de la producción minera, y por el otro de las plantaciones de productos tropicales como el azúcar o el banano. Se consolidaron así algunos núcleos de producción-exportación en los que la presencia de capital extranjero fue dominante. Por otro lado, el capital externo resultó claramente predominante en el sistema financiero (aparecieron sucursales de bancos europeos en las principales ciudades), en los puertos, en las empresas procesadoras de productos para la exportación (por ejemplo frigoríficos) y en las compañías comercializadoras. Un rubro en el que la presencia de capitales extranjeros se hizo especialmente presente fue en el de los préstamos otorgados a los estados latinoamericanos: éstos se acostumbraron a contar con ese financiamiento externo, y la “deuda externa” comenzó a llegar para quedarse.

Carpetas docentes de Historia. FaHCE-UNLP

http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/

Imagen: http://www.historiadelpais.com.ar/fotos.php?decada=1800

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