¿HUBO UN PROYECTO DESINDUSTRIALIZADOR INTENCIONAL DURANTE EL PROCESO DE REORGANIZACIÓN NACIONAL?

Según una primera interpretación, el proyecto económico de la dictadura apuntó a destruir integralmente a la industria con el objeto de regresar ala Argentina agrícola anterior al peronismo y al yrigoyenismo. Reducir a la clase obrera, restaurar la supremacía de los negocios agrícolas y potenciar los negocios financieros en desmedro de los industriales. El problema de esta interpretación es que no contempla que entre los ganadores de la dictadura se encontraban algunas de las industrias más avanzadas del país, al tiempo que la política de atraso cambiario de Martínez de Hoz no favoreció al agro.

Una segunda visión –más reciente- utiliza el concepto de “desindustrialización selectiva”. El objetivo no era retroceder y abandonar un terreno que no podían dominar, sino imponerse en el terreno y crecer en su interior. Reducir indiscriminadamente a la industria hubiera implicado la autodestrucción de un sector de la burguesía perteneciente al “bloque civil” de la dictadura. Lo que en realidad se habrían propuesto era volver al curso industrial planteado por el Plan Pinedo de 1940: un crecimiento basado en industrias de bienes exportables que fijara límites a la sustitución de importaciones con el objeto de recuperar los mercados externos. Es decir, la continuidad del modelo de intercambio, ventajas comparativas y “crecimiento hacia afuera” en el mundo post-30.

La conducción de la dictadura estaría dispuesta a desmontar o transformar, apertura económica mediante, todo lo que había crecido a contrapelo de esos principios, con el agregado de que esta vez la “naturalización” de la economía conllevaría más que nunca a reconstruir la dominación patronal en las fábricas. La meta de la conducción política y económica no habría sido reducir de cualquier modo el número de obreros, sino en primer lugar, disciplinarlos mediante la coacción económica y extraeconómica. La reducción del número de obreros ocupados en la economía se concretaría combinando un ataque represivo y un golpe de gracia tecnológico estimulado por la apertura económica. Al mismo tiempo, se fomentaría la dispersión geográfica de los polos industriales mediante regímenes de promoción impositiva que alentaran el traslado de las plantas hacia las provincias menos pobladas del territorio nacional.

El discurso de Martínez de Hoz estuvo inspirado en las ideas hostiles a la economía keynesiana formuladas por Friedich von Hayek y Milton Friedman, los máximos ideólogos del neoliberalismo. Sin embargo, la dictadura argentina no aceptaría todos sus postulados. ¿Por qué?

En primer lugar, los militares eran reticentes a privatizar las empresas estatales. Las privatizaciones chocarían con el matriz nacionalista y desarrollista que pervivía en buena parte de las Fuerzas Armadas.

En segundo término, la corporación militar tampoco constituía el instrumento más adecuado para la aplicación de un programa monetarista basado en fuertes ajustes del gasto público, debido a que, lejos de reducir los gastos para desinflacionar la economía, necesitaba aumentarlos en rearme y obras públicas.

Fuente: SIRLIN, EZEQUIEL, La última dictadura (1976-1983), en Historia Argentina Contemporánea, Dialektik, Buenos Aires, 2012.

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