LA TEORÍA DE LOS DOS DEMONIOS. Una mirada crítica

Recurro aquí, a un nuevo texto que reflexiona acerca de la “teoría de los dos demonios”. Teoría construida a partir del retorno a la democracia, que pretendió equiparar la violencia estatal con la guerrillera. Para Filadoro, Giuliani y Mazzeo, fue un fenómeno político – discursivo, uno de los principales paradigmas hegemónicos que, a partir del retorno de la democracia en 1983, se “interpone” y distorsiona la comprensión del pasado y del presente. Esta teoría encontró su formulación más concreta en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) específicamente en el prólogo de Ernesto Sábato al Nunca más, donde afirma lo siguiente: “A los delitos de los terroristas las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor, produciendo la más grande tragedia de nuestra historia”.

Para los autores, “(…) la equiparación de víctimas y victimarios no era precisamente el punto más falible de la teoría. Uno de sus pilares consiste en atribuir a los demonizados un supuesto “culto a los medios” y una concepción de los objetivos como “meras coartadas”. De este modo, el supuesto “culto a la violencia” negaría, por un lado, los anhelos de liberación, justicia y transformación social de toda una generación y, por el otro, los objetivos reaccionarios de quienes abogaban por la preservación de un ordenamiento social jerárquico –vía la redistribución desigual de la riqueza- y por la reproducción del sistema de dominación. ¿Se podrían explicar las atrocidades del nazismo, por ejemplo, sólo a partir del funcionamiento de sus instancias burocráticas? ¿Los métodos no fueron plenamente funcionales a los objetivos?” Aquí claramente se manifiesta que en la teoría se hace hincapié en la violencia desatada (los medios), soslayando los objetivos de uno y otro lado. No importaría entonces que unos quisieran implantar y sostener un modelo económico y social perverso, mientras otros lucharan por transformar dicho modelo.

Para la teoría ambos demonios “violaron las leyes” y eso los equipararía. No se toma en cuenta el sentido de la supuesta “violación” ni las características de esa legislación, los intereses que afectaba y los que perpetuaba.” (…) Los militares violaron la ley porque la ley estaba en peligro y porque sus mecanismos usuales resultaban insuficientes para autodefenderse. Los sectores que apoyaron su sistemática violación se convirtieron luego, una vez erradicado “el mal” que atentaba contra ellas, en sus sostenedores. La teoría de los dos demonios, tras la fachada de la doble condena, oculta la justificación del Terrorismo de Estado.”

La teoría que sostiene que en 1976, toda la sociedad estaba igual de aterrorizada por la guerrilla y la triple A, pretende socializar la culpa, afirmando que la mayoría del país consintió “en los hechos” el golpe de Estado. Así, en el nombre del orden, la sociedad consensuó “tácitamente”, “pasivamente” la implantación del modelo autoritario. Volvemos al texto: “Además reduce al sujeto social que impugnaba objetivamente al sistema a una de sus expresiones (que por otra parte estaba en crisis y retroceso): los grupos armados. ¿Y los trabajadores?  Resulta muy interesante verlo desde ese lugar, porque como bien se afirma, la resistencia al modelo la ofrecerían solamente los grupos armados, como si otros grupos sociales no lo hubieran hecho, con otras estrategias. Todo queda así reducido a expresiones violentas de un grupo poco representativo, mientras el resto de la sociedad reclama por el retorno al orden perdido.

“Finalmente la teoría de los dos demonios niega que los itinerarios de la dictadura militar permanezcan inconclusos. La reflexión sobre la dictadura gira alrededor de su posible retorno y de la necesidad de generar los mecanismos idóneos que acoten esa posibilidad: la apuesta fuerte a la consolidación del sistema institucional., la práctica activa de la memoria, una sana pedagogía que disponga a las nuevas generaciones a la  posición del “nunca más”. De este modo, el problema se reduce a una cuestión de “educación cívica”. Tal fue la estrategia del radicalismo. El horror se congelaba y se transformaba en puro pasado. Solo se trataba de garantizar su irrepetibilidad, ignorando una forma de dominio que sólo difiere por sus atributos externos y formales.”

Si sólo nos detenemos en el horror. Si vaciamos de contenido a la lucha que se llevó a cabo. Nunca vamos a darnos cuenta que el modelo perverso impuesto aún se sostuvo tras la caída de la dictadura.

“Existe una realidad siniestra que una sociedad por hipócrita o golpeada tiende a negar: la dictadura está con nosotros, aunque aparentemente el tiempo transcurrido la haya convertido en algo lejano y extraño. La principal certeza de la dictadura (el segundo demonio de don Ernesto Sábato) es la supervivencia de sus efectos. La pregunta en torno a las posibilidades de que regresen los tiempos del horror no tiene sentido. Vivimos en él aunque se nos presente con otros ropajes: miseria, descomposición social, corrupción, impunidad, destrucción del espacio público (sin dejar de reconocer la reedición en nuevos contextos de la violencia institucional y policial). Su aliento remite al espanto y es el espanto. La teoría de los dos demonios intenta convencernos de que la garantía del no retorno al tiempo del “caos” y el “horror” implica aceptar el predominio de los sectores dominantes y aprender a convivir, resignados y promiscuos, con sus efectos.”

Clarito.

Fuente: FILADORO, Ariel, GIULIANI, Alejandra, MAZZEO, Miguel; El retorno a la democracia: la herencia de la dictadura y las ilusiones frustradas (1983-1989), en Historia Argentina Contemporánea, Ministerio de Educación. Presidencia de la Nación, Dialektic, Bs. As., 2012.

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