Como se salvó la torre Eiffel

Torre Eiffel

Muy interesante el artículo de Juan Forn sobre la Torre Eiffel, el histórico emblema francés. Transcribo algunos fragmentos y recomiendo su lectura completa.

Es leyenda que Gustave Eiffel creyó que su Torre no sólo lo haría rico sino también inmortal. Le gustaba mucho más esa idea que la Torre en sí. De hecho, ni siquiera la diseñó él sino un par de empleados de su estudio. Tampoco fue una idea francesa: Eiffel se la robó a unos norteamericanos de Filadelfia que querían poblar las ciudades del Nuevo Mundo con torres-faro, que celebraran la era de la industria. La excusa perfecta fue el centenario de la Revolución de 1789 y la Exposición Universal que se organizaría durante los festejos. Eiffel se las arregló para convencer al ministro de Industria de redactar un pliego de licitación que parecía describir su propio proyecto. Se presentaron 107; ganó, por supuesto, el monstruo de hierro. Eiffel había incluido en su pliego hasta la manera de financiar los costos de mantenimiento, una vez construida: según él, la Torre recibiría no menos de dos millones de visitas al año, que pagarían religiosa entrada.

Aunque el monumento estuvo terminado a tiempo y sin accidentes fatales durante su construcción (sólo un obrero murió, pero era un domingo y cayó al vacío no trabajando sino floreándose para su novia), fastidió a los parisinos desde el principio: un manifiesto firmado por 300 artistas (de Verlaine y León Bloy a Maupassant y Dumas hijo) protestaron contra “ese farol callejero aquejado de gigantismo”. Sólo uno de cada quince visitantes a la Exposición Universal de 1889 pagó por subir a la Torre, que aún no tenía ascensores (atraía mucho más la Galería de las Máquinas, el milagro de la electricidad). Así siguieron las cosas hasta que empezó a acercarse el fin de la concesión que el municipio de París había dado a Eiffel: hacia 1909, en lugar de los dos millones previstos, apenas visitaban la Torre 150 mil personas al año (y eso aunque Eiffel bajó a la mitad el precio de la entrada y puso ascensores). Entonces apareció en escena el capitán Ferrié, pionero de la radiodifusión francesa. Ferrié odiaba las palomas mensajeras que usaba el ejército y propuso instalar a todo lo largo de la Torre una antena que cambiaría por completo las comunicaciones en Francia. Así se salvó la Torre. O, como dice Roland Barthes, así se volvió irreemplazable…

Deja un comentario