FEINMANN y el SENTIDO FINAL de la FILOSOFÍA

Astucia de la razon

José Pablo Feinmann, en La astucia de la razón, donde revisa toda la Filosofía de la Historia, de Hegel a Sartre, de Marx a la izquierda peronista, intenta develar el sentido de la Filosofía. Transcribo aquí parte del camino recorrido por el autor, buscando respuestas, en síntesis, filosofando…

La acción transcurre en noviembre de 1965, cuando cuatro amigos, compañeros de estudios, se reúnen en Mar del Plata. Todos venían de cursar Historia de la Filosofía contemporánea. Ellos eran, Pablo Epstein –el protagonista de la historia- Pedro Bernstein, Ismael Navarro y Hugo Hernández. ¿Cuál es el sentido final de la Filosofía?, preguntó Ismael. Quien primero recogió el guante fue Pedro. “Existe una frase que resume, absolutamente para mí, y creo que para todos nosotros, el problema del sentido final de la filosofía. Y no es casual, creo, que ese sentido haya sido expresado por una frase, quiero decir, por una sola frase y no por un libro entero. Porque creo que esto debe ser así: que el sentido final de la filosofía, por tratarse, precisamente, de un problema tan complejo, debe poder ser expresado por una sola frase. Esa frase para mí … la escribió Marx… en Bruselas en 1845… Esa frase (continuó) fue la frase de un hombre joven. Fue la frase de un joven filósofo revolucionario (Marx tenía 27 años)… ese texto es la última de las Tesis sobre Feuerbach. Y pone en pie a la Filosofía. La pone, diría, en pie de guerra. Le quita su inocencia. Su mezquina pretensión de saber incontaminado. Y la compromete con la realidad a través del único modo legítimo en el que el saber puede relacionarse con lo real: en el modo de la transformación. Esa tesis de Marx, que ustedes no desconocen, es poderosa por su sencillez, por su sintaxis perfecta, por su verdad violenta y revolucionaria. Esa tesis, lo que en ella se dice, desperftó conciencias, llevó a los hombres y armarse contra la injusticia, cambió el mundo. En suma, mis queridos amigos, y perdonen si he hablado de más, la frase que expresa, para mí, el sentido final de la filosofía, la escribió Karl Marx, en Bruselas en 1845 y dice: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

… No bien Pedro Bernstein hubo terminado su relato, el relato en el que respondía la pregunta que Ismael Navarro había lanzado como un guante, decidió él, Ismael navarro, responderle. “Creo, dijo, que la respuesta de Pedro ha sido, si no original ni sorpresiva, al menos certera… Sin embargo, esa frase no hace justicia con los filósofos que lo precedieron a Marx… porque fue construida por Marx a través de una contradicción… me refiero a la contradicción que el hombre barbado que leía a Adam Smith y a David Ricardo en el British Museum establece entre la interpretación del mundo y la transformación del mundo. Tal contradicción, no es tal… porque, dijo Ismael Navarro, la interpretación del mundo no se contradice con la transformación del mundo… porque nadie puede transformar el mundo si antes no lo ha interpretado… Marx  fue calamitosamente injusto con los filósofos que lo precedieron porque… Marx deseaba ser un filósofo fundacional. Porque así como dijo que la violencia era la partera de la Historia, dijo, también en esa frase, en la última de las Tesis sobre Feuerbach, que él era el partero de una nueva figura de la filosofía: la figura del filósofo transformador. Tal era su ambición y, si se me permite, diré: tal era su vanagloria… Marx fue calamitosamente injusto porque estos, insisto, eran heroifcos filósofos, que no sólo interpretaron al mundo, asimismo se jugaron el cuerpo al hacerlo… metieron el cuerpo tanto como metieron las ideas…. Si estos filósofos hubieran sido tan interpretativos, tan contemplativos, tan escasamente incómodos, tan escasamente nsalubres para las sociedades en las que pensaron y en las que metieron el cuerpo, ¿hubieran sido entonces tan tenazmente perseguidos como lo fueron?… Sócrates quiso enseñarles a sus discípulos que por la filosofía uno se muere, que con las ideas uno también se juega el cuerpo, la vida… Aristóteles durante el último año de su vida debió huir de Atenas para no correr la suerte de Sócrates, para no pagar por su cuerpo el precio de sus ideas… Giordano Bruno fue reducido a cenizas por el Vaticano, Kant dejó de escribir durante quince años por temor al poder… Voltaire fue perseguido y encarcelado, Spinoza padeció la vejatoria condena del rabino jefe de Amsterdam, Condorcet y Lavoisier fueron sugeridos a la guillotina”… Aquí Ismael Navarro expresa la frase que para él resume el sentido final de la Filosofía: “La Filosofía es la praxis del conocimiento de lo real, que implica, necesariamente, la praxis de su transformación. La Filosofía es la aceptación de ese riesgo. El riesgo de subvertir lo real por medio de la conciencia y de la acción. La Filosofía, en resumen, caballeros, es la riesgosa aventura de transformar la realidad, comprometiendo, en tal empeño, no sólo las ideas, sino también el cuerpo”.

¿Interesante contrapunto, no?.

Feinmann, José Pablo, La astucia de la razón, Buenos Aires, 1990.

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SIEMPREHISTORIA CUMPLE 4 AÑOS!!!!!!!

4 años

¡Y lo celebramos llegando a los TRES MILLONES DE VISITAS! GRACIAS, MUCHAS GRACIAS a todos aquellos que lo hicieron posible. El 28/10/2009, fue el punto de partida, intentando compartir mi pasión por la Historia. Llevamos 533 artículos, 57 categorías, 1070 etiquetas, mas de mil suscriptores  y más de 2.400 comentarios.

Como siempre, Nunca den nada por sabido, nunca se conformen con una respuesta, ni siquiera con las que pueden encontrar en Siemprehistoria. Ojala que lo que aquí lean les sirva como punto de partida en la formación de sus propios criterios, de sus propias opiniones. Porque cuando lo logren, podrán discutir desde sus propios argumentos y desde sus propias vivencias y no repitiendo mecánicamente aquello que los demás nos quieren inducir a pensar. Se habrán transformados en agentes de cambio. Muchos deben ser los caminos hacia la libertad, sin duda, el conocimiento y el espíritu crítico deben ser seguramente algunos de ellos.

Agradezco especialmente a Marcelo Enrique por el soporte técnico, a mi amigo el Prof. Marcelo Musa, que me ha acercado valiosos artículos y a todos ustedes por estar allí.  Todavía hay mucho por hacer. Este ha sido un año dificil. Nuevamente gracias, estamos en contacto.

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José Félix Uriburu, el primer presidente golpista argentino

General José Félix Uriburu

El 6 de septiembre de 1930 un golpe de Estado cívico – militar derrocó al gobierno de Hipólito Yrigoyen. Uno de los líderes del movimiento golpista, el general José Félix Uriburu, se hizo cargo de la presidencia. Era un hecho inédito, porque conformaba el primer golpe de Estado en la historia argentina. Las causas del quiebre institucional fueron múltiples y marcaron la aparición del Ejército como fuerza política. A partir de entonces ya nada sería igual. La “proclama revolucionaria” decía:

El Ejército y la Armada de la Patria, respondiendo al calor unánime del pueblo de la Nación y a los propósitos perentorios que nos impone el deber de argentinos en esta hora solemne para el destino del país, han resuelto levantar su bandera para intimar a los hombres que han traicionado en el gobierno la confianza del pueblo y de la República el abandono inmediato de los cargos, que ya no ejercen para el bien común, sino para el logro de sus apetitos personales. Les notificamos categóricamente que ya no cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas, cuyo objetivo primordial es defender el decoro personal, que ellos han comprometido, y que no habrá en nuestras filas un solo hombre que se levante frente a sus camaradas para defender una causa que se ha convertido en vergüenza de la Nación. Les notificamos también que no toleraremos que por maniobras y comunicaciones de última hora pretendan salvar a un gobierno repudiado por la opinión pública, ni mantener en el poder los residuos del conglomerado político que está estrangulando a la República.

El 10 de septiembre, tras un polémico reconocimiento de la Corte Suprema de Justicia, Uriburu fue reconocido como presidente. Como primeras medidas estableció el Estado de sitio e intervino los gobiernos provinciales. Despreciaba el sufragio universal establecido por la Ley Saenz Peña e intentó imponer un modelo fascista y corporativista. Sus métodos eran violentos y durante su gestión se impuso el uso de la picana eléctrica como método de tortura. Persiguió y encarceló a dirigentes opositores, especialmente a anarquistas (ordenó ejecutar, entre otros a Severino Di Giovanni), cercenó la libertad de prensa e intervino las universidades nacionales.

En 1931 llamó a elecciones en la provincia de Buenos Aires, intentando plesbicitar y legitimar su gestión al frente del ejecutivo. Pero la ciudadanía le dio la espalda otorgándole un rotundo triunfo a los candidatos de la Unión Cívica Radical (UCR). Anuló las elecciones pero no pudo controlar sus efectos. La ocasión fue aprovechada por otro de los ideólogos del golpe de septiembre, el general Agustín P. Justo, el que proclamó su candidatura para los próximos comicios presidenciales.

El tiempo de Uriburu llegaba así a su fín.

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30 AÑOS DE DEMOCRACIA EN ARGENTINA

El 30 de octubre de 2013 se cumplieron 30 años de democracia ininterrumpida en Argentina. Es un hecho inédito. El siglo XX ha transcurrido entre gobiernos democráticos, y de facto. Este nuevo período se inició con la presidencia de Raúl Alfonsín, cerrando el capítulo de la noche más oscura de nuestra historia. Comparto con ustedes el siguiente artículo, escrito por el historiador Felipe Pigna.

La tarde del 14 de junio de 1982 gente no muy acostumbrada a los gases lacrimógenos, oficinistas, amas de casa y otros, con cierta gimnasia del pañuelo y el bicarbonato, eran víctimas en la Plaza de Mayo de una brutal represión. Los que disparaban enloquecidos sus lanzagases eran los esbirros de uno de los peores presidentes de la historia argentina, Leopoldo Fortunato Galtieri recordado popularmente por su amplia cultura… alcohólica y por llevarnos a una enloquecida guerra por una causa justa pero ensuciada al ser promovida por una dictadura cívico-militar absolutamente antinacional incapaz de encabezar ninguna cruzada anticolonialista. El general que soñaba con tener el carisma de Perón y que en realidad era un genocida de triste y recordada actuación represiva en aquel Rosario fabril, portuario y estudiantil que en 1969 se había adelantado a Córdoba en aquello de los “azos”, convocó a un pueblo que ya no era el suyo a la Plaza que desde hacía cinco años era de las Madres. Pretendía Galtieri explicar que a pesar de los 164 comunicados militares victoriosos expedidos por el “Comando Mayor Conjunto” que él encabezaba, habíamos perdido la guerra. No pudo hacerlo. La gente de toda condición social y edad fue a la Plaza pero para repudiarlo para decirle que se vaya y que convoque inmediatamente a elecciones. La junta, en realidad tres jefes militares que lo que menos hacían era juntarse porque estaban irreconciliablemente peleados entre sí, obligó a Galtieri a renunciar y tras el breve paso por la presidencia de personajes increíbles como el inolvidable mandamás del EAM 78, almirante Lacoste, el primero de julio asumió el general Reynaldo Benito Bignone quien vagamente dijo que habría elecciones antes de 1984, “decretó” la apertura política y el libre funcionamiento de los partidos que pudieron abrir después de más de seis años sus locales y editar legalmente sus periódicos.

Las Fuerzas Armadas presentaron en noviembre de 1982 un plan de 15 puntos, redactado por algunos abogados y comunicadores sociales afines, que serían según sus deseos la base de un acuerdo con los partidos. Les preocupaba entre otras cosas a los civiles y militares de la dictadura: la “lucha antisubversiva”, los desaparecidos, el manejo de la deuda externa, las secuelas de Malvinas y la participación institucional de las Fuerzas Armadas en el próximo gobierno democrático. Pero el plan de lucha lanzado por la CGT, el desarrollo del Movimiento de Juventudes Políticas  y un creciente e irrefrenable prestigio de los organismos de derechos humanos obligó al conjunto de los partidos mayoritarios nucleados en la Multipartidaria a rechazar de plano el acuerdo. Los últimos exponentes del “Proceso” decidieron avanzar por su cuenta y el 28 de abril de 1983 lanzaron su “Documento Final sobre la lucha contra la subversión” y el “Acta Institucional” donde plantearon que todos los actos violatorios de los derechos humanos no podían ser juzgados.

La decadencia de la dictadura era total. Carecía del más mínimo respaldo internacional y las cuentas fiscales estaban en absoluta bancarrota lo que no impidió que el Estado se hiciera cargo de las deudas contraídas con bancos extranjeros por los empresarios más poderosos del país conocidos, por su afinidad con los dictadores militares, como los “capitanes de la industria”. En nombre del liberalismo, el mismo que proclamaba hasta hace unas semanas a la manera talibán el no intervencionismo del Estado, la deuda privada de casi 15.000 millones de dólares fue estatizada y todos los argentinos fuimos obligados a hacernos cargo de la proclamada insolvencia de los astutos capitanes y sus socios, los generales, almirantes y brigadieres. El mecanismo utilizado fue el de los seguros de cambio. Este invento de los autodenominados liberales argentinos obligaba al Estado, cuya intervención en este caso sí era bien vista, a pagar la diferencia entre el valor del dólar de 1981-82 y el que regía en el momento en que el deudor privado tomó la deuda. Como Domingo Cavallo, suele despegarse de la responsabilidad exclusiva de la estatización de la deuda externa privada, vale la pena conocer al staff completo de los co-responsables según la notable investigación de Alejandro Olmos: los ministros de economía Lorenzo Sigaut, Roberto Alemann, José María Dagnino Pastore y Jorge Wehbe y los presidentes del Banco Central Julio Gómez, Egidio Ianella, el propio Domingo Felipe Cavallo y Julio González del Solar.

El 16 de diciembre la Multipartidaria realiza una imponente “Marcha por la Democracia” en Plaza de Mayo. Se producen incidentes y la policía carga contra los más de 100 mil manifestantes y uno de ellos, el joven obrero metalúrgico salteño de 28 años Dalmiro Flores, queda muerto sobre la plaza.

El año 1983 se inicia con una triste noticia: el 18 de enero muere el ex presidente Arturo Illia. Su funeral se constituye en un punto de encuentro de todas las fuerzas democráticas del país y se convierte en un acto de repudio a las autoridades defacto.

El 28 de marzo la CGT lanza un nuevo paro general contra la política económica de la dictadura que esta vez logra un acatamiento del 90%.

Opinadores mediáticos y hasta jefes de la dictadura comenzaban a abandonar aquel barco que se hundía. Un pionero había sido el almirante Emilio Massera, uno de los máximos responsables de la masacre del pueblo argentino que había declarado como si él fuera un turista: “Como antiguo protagonista del Proceso, mi propia desazón no conoce límites cuando veo, a más de cinco años de haber dado comienzo a lo que iba a ser una etapa importante de la historia, que no hemos alcanzado ninguno de los objetivos, excepto la victoria armada contra el terrorismo.

Mientras millones de ciudadanos son llevados a la pobreza, selectos grupos de elegidos aumentan sus riquezas sin el menor pudor, sobre la base de la especulación y a costa de destruir el aparato de producción. Ya ni vale la pena hablar de estas cosas, pero no creo que haya un solo argentino que no lo sepa, que no lo mastique en su legítimo resentimiento. Es un precio muy alto pagado por las mujeres y los hombres de esta tierra, como para que ahora nos conformemos diciendo que se hizo un experimento y el experimento falló. Y falló. Hay que recorrer la República como yo lo hago para comprobar que de una punta a la otra, la ciudadanía está convencida de que falló.” 1

A pesar de la apertura política el aparato represivo del gobierno militar continúa funcionando y el 17 de mayo son asesinados por policías bonaerenses los militantes montoneros Osvaldo Cambiasso y Enrique Pereyra Rossi.

Los militares y sus socios civiles habían logrado amnistiar la deuda que hambreaba al país y enriquecía curiosamente a una selecta minoría de morosos millonarios, la deuda que pesará y pesa sobre nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos. Les faltaba la otra amnistía, la de la represión ilegal.

La Junta Militar, da a conocer lo que llama el “Documento Final Sobre la Lucha Antisubversiva” en el cual declara que sólo Dios y la historia podrán juzgar los hechos del pasado reciente y que los desaparecidos “a los efectos jurídicos se considerarán muertos”.

El documento provoca el inmediato rechazo de los organismos de derechos humanos, de todo el arco  político  opositor y aumenta el aislamiento internacional del gobierno militar al recibir duras críticas por parte del Papa.

Desconociendo la infalibilidad papal, el Episcopado argentino a través del obispo Antonio Quarracino califica al documento de “Valiente y bien hecho” con “aspectos positivos que pueden constituir un paso hacia la reconciliación.”

Aquel mamotreto dictatorial que invocaba “a Dios y a la historia como únicos y supremos tribunales para los actos cometidos”, tuvo su complemento “legal” en el decreto-ley 22.294 firmado por el general-presidente Bignone el 23 de Septiembre de 1983 por el cual se establecía una verdadera autoamnistía y prohibía la investigación y el juzgamiento de los hechos represivos en los que estén involucrados  miembros de las FFAA y colaboradores civiles.

Cobran fuerza los preparativos electorales y las urnas que según Galtieri estaban “bien guardadas” comienzan a prepararse para recibir millones de votos.

El radicalismo elige la fórmula Raúl Alfonsín-Víctor Martínez. Por su parte el justicialismo proclama el binomio: Italo Luder- Deolindo Bittel.

El 27 de Octubre al pie del Obelisco el Radicalismo cierra su campaña. Ante unas 800 mil personas Raúl Alfonsín concluye su discurso con el Preámbulo de la Constitución Nacional.

Al día siguiente en el mismo lugar  el Peronismo reúne casi un millón de personas. El discurso moderado del Dr. Luder contrasta con la actitud violenta del candidato a gobernador de Buenos Aires Herminio Iglesias quien quema un ataúd con el logo de la UCR.

El 29 de Octubre finalmente se levanta el Estado de Sitio vigente desde noviembre de 1974 y al día siguiente varios millones de argentinos estrenan sus DNI. Reciben con orgullo el sello que certifica la votación. Tras tantos años de proscripción nadie quiere dejar de ejercer su derecho y la cifra de participación electoral es una de las más elevadas de nuestra historia.

Para sorpresa de muchos, se impone el candidato radical Raúl Alfonsín con el 52% de los votos sobre Italo Lúder que obtiene el 40%. Aquella noche en los festejos, la consigna más escuchada fue “Se van y nunca volverán”.

Comenzaba a terminar la pesadilla más negra de la historia argentina.

La dictadura se iba, dejando tras de sí  las ruinas de un país arrasado. Miles de desaparecidos, familias destruidas, la industria nacional herida de muerte, las cicatrices de una guerra perdida, una deuda externa que condicionaba cualquier política de gobierno, niños desnutridos y analfabetos, una sociedad menos solidaria y más individualista, y el eco de un discurso oficial que durante años había hecho creer que la utopía era sinónimo de estupidez. Los militares y los grupos económicos que se enriquecieron aún más durante su gestión,  no se iban derrotados, sólo abandonaban el gobierno.

Eran muchas las urgencias, las demandas, las necesidades, Pero también era muy grande la esperanza de todo un pueblo por aquellos días de 1983 en revertir la pesada herencia y construir una sociedad más justa y democrática.

Referencias:
1 Discurso pronunciado por el almirante Emilio Eduardo Massera el 2 de octubre de 1981, La Nación, 3 de octubre de 1981.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar
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LA TEORÍA DE LOS DOS DEMONIOS. Una mirada crítica

Recurro aquí, a un nuevo texto que reflexiona acerca de la “teoría de los dos demonios”. Teoría construida a partir del retorno a la democracia, que pretendió equiparar la violencia estatal con la guerrillera. Para Filadoro, Giuliani y Mazzeo, fue un fenómeno político – discursivo, uno de los principales paradigmas hegemónicos que, a partir del retorno de la democracia en 1983, se “interpone” y distorsiona la comprensión del pasado y del presente. Esta teoría encontró su formulación más concreta en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) específicamente en el prólogo de Ernesto Sábato al Nunca más, donde afirma lo siguiente: “A los delitos de los terroristas las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor, produciendo la más grande tragedia de nuestra historia”.

Para los autores, “(…) la equiparación de víctimas y victimarios no era precisamente el punto más falible de la teoría. Uno de sus pilares consiste en atribuir a los demonizados un supuesto “culto a los medios” y una concepción de los objetivos como “meras coartadas”. De este modo, el supuesto “culto a la violencia” negaría, por un lado, los anhelos de liberación, justicia y transformación social de toda una generación y, por el otro, los objetivos reaccionarios de quienes abogaban por la preservación de un ordenamiento social jerárquico –vía la redistribución desigual de la riqueza- y por la reproducción del sistema de dominación. ¿Se podrían explicar las atrocidades del nazismo, por ejemplo, sólo a partir del funcionamiento de sus instancias burocráticas? ¿Los métodos no fueron plenamente funcionales a los objetivos?” Aquí claramente se manifiesta que en la teoría se hace hincapié en la violencia desatada (los medios), soslayando los objetivos de uno y otro lado. No importaría entonces que unos quisieran implantar y sostener un modelo económico y social perverso, mientras otros lucharan por transformar dicho modelo.

Para la teoría ambos demonios “violaron las leyes” y eso los equipararía. No se toma en cuenta el sentido de la supuesta “violación” ni las características de esa legislación, los intereses que afectaba y los que perpetuaba.” (…) Los militares violaron la ley porque la ley estaba en peligro y porque sus mecanismos usuales resultaban insuficientes para autodefenderse. Los sectores que apoyaron su sistemática violación se convirtieron luego, una vez erradicado “el mal” que atentaba contra ellas, en sus sostenedores. La teoría de los dos demonios, tras la fachada de la doble condena, oculta la justificación del Terrorismo de Estado.”

La teoría que sostiene que en 1976, toda la sociedad estaba igual de aterrorizada por la guerrilla y la triple A, pretende socializar la culpa, afirmando que la mayoría del país consintió “en los hechos” el golpe de Estado. Así, en el nombre del orden, la sociedad consensuó “tácitamente”, “pasivamente” la implantación del modelo autoritario. Volvemos al texto: “Además reduce al sujeto social que impugnaba objetivamente al sistema a una de sus expresiones (que por otra parte estaba en crisis y retroceso): los grupos armados. ¿Y los trabajadores?  Resulta muy interesante verlo desde ese lugar, porque como bien se afirma, la resistencia al modelo la ofrecerían solamente los grupos armados, como si otros grupos sociales no lo hubieran hecho, con otras estrategias. Todo queda así reducido a expresiones violentas de un grupo poco representativo, mientras el resto de la sociedad reclama por el retorno al orden perdido.

“Finalmente la teoría de los dos demonios niega que los itinerarios de la dictadura militar permanezcan inconclusos. La reflexión sobre la dictadura gira alrededor de su posible retorno y de la necesidad de generar los mecanismos idóneos que acoten esa posibilidad: la apuesta fuerte a la consolidación del sistema institucional., la práctica activa de la memoria, una sana pedagogía que disponga a las nuevas generaciones a la  posición del “nunca más”. De este modo, el problema se reduce a una cuestión de “educación cívica”. Tal fue la estrategia del radicalismo. El horror se congelaba y se transformaba en puro pasado. Solo se trataba de garantizar su irrepetibilidad, ignorando una forma de dominio que sólo difiere por sus atributos externos y formales.”

Si sólo nos detenemos en el horror. Si vaciamos de contenido a la lucha que se llevó a cabo. Nunca vamos a darnos cuenta que el modelo perverso impuesto aún se sostuvo tras la caída de la dictadura.

“Existe una realidad siniestra que una sociedad por hipócrita o golpeada tiende a negar: la dictadura está con nosotros, aunque aparentemente el tiempo transcurrido la haya convertido en algo lejano y extraño. La principal certeza de la dictadura (el segundo demonio de don Ernesto Sábato) es la supervivencia de sus efectos. La pregunta en torno a las posibilidades de que regresen los tiempos del horror no tiene sentido. Vivimos en él aunque se nos presente con otros ropajes: miseria, descomposición social, corrupción, impunidad, destrucción del espacio público (sin dejar de reconocer la reedición en nuevos contextos de la violencia institucional y policial). Su aliento remite al espanto y es el espanto. La teoría de los dos demonios intenta convencernos de que la garantía del no retorno al tiempo del “caos” y el “horror” implica aceptar el predominio de los sectores dominantes y aprender a convivir, resignados y promiscuos, con sus efectos.”

Clarito.

Fuente: FILADORO, Ariel, GIULIANI, Alejandra, MAZZEO, Miguel; El retorno a la democracia: la herencia de la dictadura y las ilusiones frustradas (1983-1989), en Historia Argentina Contemporánea, Ministerio de Educación. Presidencia de la Nación, Dialektic, Bs. As., 2012.

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LA SEMANA TRÁGICA, Yrigoyen y los conflictos obreros.

En enero de 1919, una huelga realizada por los obreros de los Talleres Metalúrgicos Vasena en demanda de una jornada laboral de ocho horas y el pago de horas extras, se extendió a otras fábricas de la Capital Federal. La respuesta del gobierno presidido por don Hipólito Yrigoyen fue la represión policíaca y militar. Los enfrentamientos se extendieron durante varios días y costaron la vida de más de un centenar de personas, motivo por el cual se recuerda a esas jornadas como las de la “semana trágica”.

A partir de 1914, los enfrentamientos entre obreros y patrones se agravaron, en gran parte debido a que la situación económica empeoró, en primer lugar por la desocupación en aumento, y en segundo término por una inflación creciente que afectaba el poder adquisitivo de los trabajadores. Así, entre 1917 y 1919 el número de huelgas fue mayor a las realizadas entre 1907 y 1910. El gobierno radical intentó mediar en los conflictos, resolviendo en muchos casos a favor de los reclamos sindicales, provocando la irritación de los sectores conservadores, porque este tipo de medidas contrastaba seriamente con las tomadas por los gobiernos oligárquicos que precedieron a Yrigoyen. Pero un partido comola UCR que pretendía representar a todos los sectores sociales, ¿Qué intereses debía proteger? ¿los de los propietarios o los de los obreros que en su mayoría se enrolaban en el partido Socialista?

“Forzoso es (afirma Yrigoyen en junio de 1919) incorporarse en la evolución del progreso humano, colocando siempre por encima de todo otro interés y de todo otro derecho los de la sociedad y los de la Nación, y ese objetivo no se alcanza erigiendo la violencia y el imperio del más fuerte como arbitrio de las decisiones, sea del capital para torturar el trabajo, sea de éste para expoliar a aquél (…), En la armonización necesaria e indispensable de esos dos grandes factores, es donde ha de hallarse la tranquilidad general y el bienestar común (…), Cuando la fuerza colectiva del trabajo oprime al capital, destruye su propia fuente de vida; cuando el capital domina una huelga, dejando sumidas en la miseria a millares de familias, no ha dado solución al conflicto, antes bien, ha ahondado sus raíces. Fue respondiendo a estas ideas que el gobierno requirió a los obreros, declinaran de sus actitudes extremas y aceptasen el procedimiento de la conciliación y la solución por el arbitraje (…).”[1]

 Como proponía Yrigoyen, la estrategia radical en materia laboral era la de alcanzar la “armonía entre las clases”, y  para ello el Estado debía cumplir la función de árbitro de los conflictos entre obreros y patrones. A partir de entonces, el gobierno consideró a los sindicatos como representantes de los obreros, y en su intermediación fluctuó entre el apoyo a los reclamos y la represión armada a los huelguistas. Muchas veces la decisión dependía de que sindicatos eran los que estaban involucrados en la protesta o de quienes eran los que presionaban para reprimir. Para el caso, era claramente una posición indefinida y contradictoria. En palabras del historiador Osvaldo Bayer: “… Yrigoyen sabe capear los temporales (…) el quid de la cuestión está en no decidirse. En un conflicto siempre hay dos partes que dicen tener razón. El radicalismo es una interpretación muy argentina de los hechos. Navegar entre dos aguas es difícil, pero compromete menos (…)”

Pero esta estrategia claramente fracasó en enero de 1919. Los hechos se iniciaron el 7, cuando huelguistas, algunos de ellos afiliados a la FORA del V Congreso (de tendencia anarquista y que promovía la acción violenta) reclamaban la reducción de la jornada laboral de 11 a 8 horas, mejores condiciones de salubridad, la vigencia del descanso dominical, el aumento de salarios y la reposición de los delegados despedidos. El gobierno intercedió accediendo a los reclamos huelguistas, pero sus indicaciones fueron desoídas por la empresa, que sólo atinó a contratar otro personal para romper la huelga.

La situación se tornó confusa porque el gobierno empezó a negociar con la FORA del IX Congreso (de tendencia sindicalista y más tendiente a las negociaciones), logrando un acuerdo que no fue reconocido por el ala anarquista de la FORA. La empresa entonces intervino mediante grupos de choque armados y organizaciones de ultra derecha como la Liga Patriótica Argentina, que atacaron a los huelguistas metalúrgicos a tiros con el resultado de varios muertos.[2]

La huelga general se extendió rápidamente por la ciudad. El día 9 la multitud que asistió al sepelio de las víctimas fue duramente reprimida. Los enardecidos manifestantes produjeron desmanes, mientras fuerzas policiales y grupos de activistas se enfrentaron en un clima de guerra civil que a algunos atemorizó por creer que se estaba frente a una verdadera revolución social. Para David Rock, la huelga tuvo “un carácter espontáneo, emocional y carente de objetivos precisos (…) fue más bien una sucesión de revueltas desarticuladas que una genuina rebelión obrera…”

Un gobierno dubitativo vaciló entre la negociación y la represión, al tiempo que sumó a la intervención a las tropas al mando del general Dellepiane. Sectores conservadores pretendían ver en los disturbios una real amenaza al orden establecido, mientras grupos voluntarios de civiles de clase media y alta recibieron armas y salieron a la caza de agitadores. Finalmente la presencia militar impuso orden en las calles mientrasla FORAlograba algunos acuerdos con la empresa Vasena. Las reivindicaciones obreras habían sido logradas y la huelga llegaba a su fin. ¿El precio? Las cifras de los muertos es imprecisa. Estadísticas policiales calculan hasta 65 muertos y 130 heridos entre los manifestantes, mientras las fuerzas de seguridad sumaban 4 muertos y 9 heridos. Otras fuentes hablan de 140 y de hasta 700 muertos.

“La rebelión social duró exactamente una semana, del 7 al 14 de enero de 1919. La huelga había triunfado a un costo enorme. El precio no lo pusieron los trabajadores sino los dueños del poder, que hicieron del conflicto un caso testigo en su pulseada con el gobierno al que consiguieron presionar en los momentos más graves e imponerle su voluntad represiva”[3]

 

[1] MAZO, Gabriel del, El radicalismo. Notas sobre su historia y doctrina, citado en Historia de los partidos políticos argentinos, Fasc. 12, Colegio Nacional de Bs. As., julio de 2004.

[2] Cuando terminó de escucharse el ruido ensordecedor de los balazos el saldo fue elocuente: cuatro muertos. Tres de ellos habían sido baleados en sus casas y uno había perecido a causa de los sablazos propinados por la policía montada, los famosos “cosacos”. Hubo además, más de 30 heridos. Según La Prensa fueron disparados más de 2.000 proyectiles por unos 110 policías y bomberos. Sólo tres integrantes de las fuerzas represivas fueron levemente heridos. (…)

La historia oficial no recoge los nombres de los muertos del pueblo. Ellos fueron: Juan Fiorini, argentino, 18 años, soltero, jornalero de la fábrica Bozzalla Hnos., que fue muerto mientras estaba tomando mate en su domicilio de un balazo en la región pectoral; Toribio Barrios, español, 42 años, casado, recolector de basura, muerto en la avenida Alcorta frente al número 3189, de varios sablazos en el cráneo; Santiago Gómez Metrolles, argentino, 32 años, soltero, recolector de basura, de un balazo en el temporal derecho mientras se hallaba en la fonda de avenida Alcorta 3521, de Lázaro Alberti; Miguel Britos, casado, jornalero, muerto a consecuencia también de heridas de bala. Según el propio parte policial que reproduce La Nación, ninguno fue muerto en actitud de combate, ninguno estaba agrediendo a las fuerzas represivas.(…) Extracto de Los mitos de la Historia Argentina III, de Felipe Pigna, Editorial Planeta, 2006.

[3] PIGNA, Felipe, Op. Cit.

ALONSO, M. E, VÁZQUEZ, E. C, La Argentina Contemporánea, Aique, Bs. As., 2000.

COLEGIO NACIONAL DE BUENOS AIRES, Historia Argentina, Fascículo 31, Página 12.

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PRESIDENCIA DE JUÁREZ CELMAN. El Unicato

Miguel Juárez Celman. Presidente de la República Argentina (1886/90)

Ya vimos que en la Argentina de fines del siglo XIX, el P.A.N (Partido Autonomista Nacional), desde su conformación en la década de 1870, sostenía una hegemonía tal, que hacía imposible que le disputaran el protagonismo político. Al sistema de acuerdos entre Ministros y notables en el período de las llamadas Presidencias fundacionales” (1862/1880), le siguió la instauración de un sistema fuertemente presidencialista en el que el Poder Ejecutivo Nacional garantizaba la estabilidad de los gobernadores contra las revoluciones locales. En este modelo, el partido gobernante resolvía las candidaturas a los principales cargos electivos, en la búsqueda de mantener el orden institucional, condición necesaria para el progreso.

Finalizada la presidencia de Julio A. Roca (1880/1886), la sucesión presidencial –tras una ardua lucha– recayó en Miguel Juárez Celman, ex gobernador de Córdoba, influyente senador nacional y concuñado de Roca, siendo su compañero de fórmula Carlos Pellegrini.

El 12 de octubre de 1886 asumió la presidencia; en su discurso inaugural anunció su ideario liberal, que incluía la promoción de la educación, de la inmigración europea y de la empresa privada. Desde un primer momento, el nuevo presidente exacerbó un marcado presidencialismo, lo que rápidamente generó conflictos con Roca, quien pretendía mantener control sobre el gobierno y el partido gobernante (PAN). Así, la unificación y la centralización serán el método de gobierno dominante en las próximas décadas… Read more »

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REVOLUCIÓN DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 1874. Derrota de Mitre

Concluida la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868/1874), se perfilaban como candidatos a la primera magistratura los siguientes candidatos: por el Partido Autonomista porteño: Adolfo Alsina, Vicepresidente de la República; por el Partido Nacional: Mitre y con el apoyo de Sarmiento, su Ministro de Cultura: Nicolás Avellaneda. El 1° de febrero de 1874 se llevaron a cabo las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, una verdadera previa de las presidenciales. El nivel de enfrentamiento pre-electoral superaba todo lo hasta entonces visto. Mitristas y alsinistas se adjudicaban el triunfo en medio de denuncias de fraude. Los autonomistas porteños triunfaron en La Rioja y Catamarca; Avellaneda en el resto de las provincias, mientras que Mitre se adjudicó sólo Santiago del Estero y San Juan.

El 15 de marzo Alsina declinó su candidatura y puso sus votos a disposición de Avellaneda, dando origen al Partido Autonomista Nacional (PAN). Las presidenciales de abril también fueron fraudulentas y en el Colegio electoral Avellaneda fue proclamado presidente de la República con casi el doble de electores que Mitre. El acuerdo con Alsina daba sus resultados. Como en muchas otras oportunidades, el derrotado recurriría a las armas para revertir el resultado desfavorable de las urnas, así a Mitre sólo le quedaba el camino de la revolución.

Mitre derrotado en La Verde

La revolución estalló el 24 de septiembre de 1874. El diario La Nación -tribuna mitrista- fue clausurado y se estableció el estado de sitio. Los sublevados contaban con unos 5000 hombres, eran oficiales mitristas, milicianos que respondían a hacendados nacionalistas y tropas aborígenes de Cipriano Catriel. El general Arredondo en Cuyo y el general Rivas en el sur bonaerense midieron fuerzas con las tropas gubernamentales. En medio de los enfrentamientos, Avellaneda asumía como presidente. La Verde y Santa Rosa fueron batallas definitorias. En noviembre Mitre se pone en marcha y se topa con una pequeña fuerza que desconocía. Se trataba de unos 850 hombres, 120 de ellos policías, algunos soldados de línea y más de 700 paisanos carentes de artillería. Los comanda el Teniente Coronel José Inocencio Arias, quien coloca sus tropas en la estancia La Verde, cercana a Nueve de Julio. Mitre, al mando de casi 5000 hombres, le intima rendición, Arias, atrincherado con cercos y zanjas preparadas, resiste. Cinco veces carga Mitre con su caballería contra las posiciones de Arias. Otras tantas veces es rechazado. Tras cuatro horas pierde unos 260 hombres, incluyendo algunos oficiales superiores. Deberá retirarse derrotado (26/11/1874). Finalmente se rinde el 3 de diciembre en Junín.

El 7 de diciembre Roca ataca a Arredondo, pero no lo hace frontalmente como Mitre, da un rodeo y avanza por la retaguardia. La jornada sería gloriosa para el entonces coronel Roca porque ganaría el grado de general. A Mitre lo esperaba la cárcel de Luján, a Arredondo un Consejo de Guerra, a Avellaneda, una difícil gestión. El nuevo partido gobernante, el PAN, gobernaría sin sobresaltos hasta 1916. 

Bibliografía consultada: Gallo Ezequiel y Cortés Conde Roberto, Historia Argentina 5, La República conservadora, Paidós, Bs. As., 2da reimpresión, 2012.

Departamento de Historia del Colegio Naci0nal de Buenos Aires, Historia Argentina, Fascículo 24, La construcción del Estado Nacional I (1862/1880), Página 12, Bs. As., 1999.

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REVOLUCIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1852. Cuando Buenos Aires se separó de la Confederación.

A pesar de haber derrotado a Rosas en Caseros, y de contar con el apoyo del Litoral y de las provincias del Interior, Urquiza encontró fuertes resistencias en Buenos Aires  a la hora de imponer su modelo de organización nacional. En esa búsqueda primero firmó el Protocolo de Palermo y luego el Acuerdo de San Nicolás, con el objetivo de convocar un Congreso General Constituyente que le diera a este territorio una Constitución Nacional. Pero para ello había que limitar el poder de Buenos Aires, algo que los porteños no estaban dispuestos a soportar. En primer lugar no aceptaban que Urquiza estuviera a cargo provisionalmente del gobierno, antes de dictar una Constitución, y además se sentían perjudicados por la norma que establecía que cada provincia tendría equitativamente dos representantes en dicho Congreso. Ellos proponían que la representación fuera proporcional a la población de cada Estado, ya que de esa manera podrían tener más diputados que el resto.

En junio de 1852, la Legislatura de Buenos Aires rechazó el acuerdo y le aceptó la renuncia del Gobernador Vicente López y Planes,  que había sido colocado en ese puesto por el vencedor de Caseros. En respuesta, Urquiza disolvió el 23 de junio al cuerpo legislativo y asumió provisionalmente la gobernación de Buenos Aires. Los diarios opositores fueron cerrados y los principales dirigentes porteños fueron encarcelados o deportados. Pero el movimiento estaba lejos de ser derrotado. Aprovecharon la partida de Urquiza hacia Santa Fe para inaugurar las sesiones del Congreso y retomaron el poder de la provincia. La revolución del 11 de septiembre contaba con el apoyo de militares del Ejército Nacional y de población de la ciudad y del campo bonaerense. Urquiza, al saber del apoyo recibido por los revolucionarios, desistió de marchar sobre Buenos Aires y se retiró a Entre Ríos.

El resultado del triunfo revolucionario fue la separación (secesión) de Buenos Aires de la Confederación. A partir de ese momento dos Estados se habían conformado: por un lado el Estado de Buenos Aires y por el otro el resto de las provincias (trece en total) conformando el Estado de la Confederación Argentina. A partir de entonces, Buenos Aires será considerada como potencia extranjera a los efectos comerciales.

Valentín Alsina, Gobernador del Estado de Buenos Aires

El 31 de octubre de 1852, Valentin Alsina fue elegido gobernador del Estado porteño y Bartolomé Mitre fue designado como Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores. El nuevo gobierno reunió, en un primer momento, a antiguos federales y unitarios, que a partir de entonces lucharon por el predominio en el ámbito provincial. A lo largo de esta lucha se fue configurando una nueva fuerza política. El Partido Unitario, liderado por Alsina, pasó a llamarse Partido Liberal y mantuvo el control del gobierno provincial durante su separación del resto de las provincias. Al mismo tiempo en su seno se fue conformando una fracción “liberal – nacionalista” conducida por Mitre. Los nacionalistas postulaban la defensa y el fortalecimiento de los intereses locales de la provincia, pero con el objetivo de liderar una nueva organización nacional desplazando de ese sitio al Litoral. La otra facción liberal, más tarde llamada “autonomista” siguió una política de conflicto abierto con la Confederación.

Mapa: http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_entre_la_Confederaci%C3%B3n_Argentina_y_el_Estado_de_Buenos_Aires

Bibliografia consultada: Oszlak, Oscar, La formación del Estado Argentino, 1982.

 

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DECRETO LEY 4161. Cuando la “Revolución Libertadora” proscribió al peronismo.

El 16 de septiembre de 1955 un nuevo golpe militar derrocó a un gobierno elegido por el pueblo. La segunda presidencia de Juan Domingo Perón, iniciada en 1952, llegó así a su fin. Asumieron entonces los militares golpistas que se autodenominaban parte de la “Revolución Libertadora”. Tras una corta presidencia del General Lonardi, asumió la presidencia de la Nación el General Pedro Eugenio Aramburu, representante del sector más fuertemente “antiperonista”. Con el claro objetivo de “desperonizar” a la sociedad, redacta el presente decreto, que nos es acercado por el Prof. Marcelo N. Musa. 

Decreto-Ley 4161

Boletín Oficial, 9 de marzo de 1956

Visto el decreto 3855/55 por el cual se disuelve el Partido Peronista en sus dos ramas en virtud de su desempeño y su vocación liberticida, y Considerando: Que en su existencia política el Partido Peronista, actuando como instrumento del régimen depuesto, se valió de una intensa propaganda destinada a engañar la conciencia ciudadana para lo cual creo imágenes, símbolos, signos y expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas:

Que dichos objetos, que tuvieron por fin la difusión de una doctrina y una posición política que ofende el sentimiento democrático del pueblo Argentino, constituyen para este una afrenta que es imprescindible borrar, porque recuerdan una época de escarnio y de dolor para la población del país y su utilización es motivo de perturbación de la paz interna de la Nación y una rémora para la consolidación de la armonía entre los Argentinos.

Que en el campo internacional, también afecta el prestigio de nuestro país porque esas doctrinas y denominaciones simbólicas, adoptadas por el régimen depuesto tuvieron el triste mérito de convertirse en sinónimo de las doctrinas y denominaciones similares utilizadas por grandes dictaduras de este siglo que el régimen depuesto consiguió parangonar.

Que tales fundamentos hacen indispensable la radical supresión de esos instrumentos o de otros análogos, y esas mismas razones imponen también la prohibición de su uso al ámbito de las marcas y denominaciones comerciales, donde también fueron registradas con fines publicitarios y donde su conservación no se justifica, atento al amplio campo que la fantasía brinda para la elección de insignias mercantiles.

Por ello, el presidente provisional dela Nación Argentina, en ejercicio del Poder Legislativo, decreta con fuerza de ley.

Art. 1º Queda prohibida en todo el territorio dela Nación

a) La utilización, con fines de afirmación ideológica Peronista, efectuada públicamente, o propaganda Peronista, por cualquier persona, ya se trate de individuos aislados o grupos de individuos, asociaciones, sindicatos, partidos políticos, sociedades, personas jurídicas públicas o privadas de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del Peronismo.

Se considerará especialmente violatoria esta disposición la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios Peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto o el de sus parientes, las expresiones “peronismo”, “peronista”, “ justicialismo”, “Justicialista”, “tercera posición”, la abreviatura PP., las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales “Marcha de los Muchachos Peronista” y “Evita Capitana” o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos.

b) La utilización, por las personas y con los fines establecidos en el inciso anterior, de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina, artículos y obras artísticas que pretendan tal carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales creados o por crearse, que de alguna manera cupieran ser referidos a los individuos representativos, organismos o ideología del Peronismo.

c) La reproducción por las personas y con los fines establecidos en el inciso a), mediante cualquier procedimiento, de las imágenes símbolos y demás, objetos señalados en los dos incisos anteriores.

Art. 2º – Las disposiciones del presente decreto-ley se declaran de orden público y e consecuencia no podrá alegarse contra ellas la existencia de derechos adquiridos. Caducan las marcas de industria, comercio y agricultura y las denominaciones comerciales o anexas, que consistan en las imágenes, símbolos y demás objetos señalados en los incs. a) y b) del art. 1º. Los Ministerios respectivos dispondrán las medidas conducentes a la cancelación de tales registros.

Art. 3º – El que infrinja el presente decreto-ley será penado:

a) Con prisión de treinta días a seis años y multa de m$n:500 am$n. 1.000.000

b) Además, con inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena para desempeñarse como funcionario público o dirigente político o gremial;

c) Además, con clausura por quince días, y en caso de reincidencia, clausura definitiva cuando se trate de empresas comerciales.

Cuando la infracción sea imputable a una persona colectiva, la condena podrá llevar como pena accesoria la disolución. Las sanciones del presente decreto-ley será refrendado por el Excmo. Señor vicepresidente provisional dela Nación y por todos los señores ministros secretarios de Estado en acuerdo general.

Comuníquese, etc. – Aramburu – Rojas – Busso – Podestá Costa – Landaburu – Migone. – Dell´Oro Maini – Martínez – Ygartúa – Mendiondo – Bonnet – Blanco – Mercier – Alsogaray – Llamazares – Alizón García – Ossorio Arana – Hartung – Krause.

http://www.peronismomilitante.com.ar/wp-content/uploads/2011/03/Proscripci%C3%B3n-Peronismo.doc.pdf

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EL DÍA QUE BUENOS AIRES TUVO TRES GOBERNADORES

DESPUES DE PILAR

Tras la caída del Directorio, Sarratea asumió como Gobernador de Buenos Aires el 17 de febrero de 1820, y representó a su provincia en el Tratado de Pilar, celebrado con los triunfantes caudillos del Litoral. Su posición no era cómoda, especialmente por la resistencia que tenía de los miembros del partido directorial, de ideas centralistas y antifederales, que habían sido desplazados del poder a partir de la caída del gobierno central. En Cabildo Abierto, lograron destituirlo de su cargo, y reemplazarlo interinamente por Juan Ramón Balcarce (6/3/1820). Sin embargo, Sarratea contaba con el apoyo de los caudillos y fue restituido en sus funciones (11/3/1820). No duró mucho. Dos meses después presentó su renuncia ante la imposibilidad de zanjar las diferencias con el partido directorial. En su reemplazo, fue elegido gobernador interino de la provincia de buenos Aires, Ildefonso Ramos Mejía.

Ildefonso Ramos Mejía

 ¿EL DÍA DE LOS TRES GOBERNADORES?

Ramos Mejía gobernó desde el 2 de mayo hasta el 23 de junio. Simpatizante del partido directorial, absolvió a algunos de los ciudadanos que habían sido sometidos a proceso por haber sido miembros del gobierno derrocado tras Cepeda, pero encontró fuertes resistencias en el Ejército cuando aceptó el cargo de Capitán General de la provincia. Los hechos se desencadenaron cuando el 16 de junio, jefes y oficiales del Ejército repusieron a Soler en el cargo de Capitán General y obtuvieron que el Cabildo de Luján lo reconociera como gobernador.

Miguel Estanislao Soler

Soler comunicó lo resuelto a la Junta de Representantes de Buenos Aires para que lo hiciera reconocer en todo el territorio provincial. Ramos Mejía presentó su renuncia, pero la Junta, sin aceptarla, le ordenó que entregase el bastón de mando al Cabildo, comunicando al mismo tiempo a Soler que podía penetrar en la ciudad sin dificultades.

El 20 de junio de 1820 desempeñaban el gobierno de la provincia de Buenos Aires Ildefonso Ramos Mejía, el general Soler y el Cabildo; ese día es conocido en nuestra historia como el “dia de los tres gobernadores”. Fue el día en el que se apagó la vida de una de las figuras más insignes de nuestra historia, Manuel Belgrano.

Ahora bien, en realidad, quizás sea más correcto hablar del “día sin gobernador”, situación que se prolonga hasta el 22. ¿Por qué? Ramos Mejía había renunciado, el Cabildo, depositario del bastón de mando, ofreció el poder a Soler; éste, designado gobernador por el Cabildo de Luján, no aceptó asumir el mando hasta el 22, cuando fue ratificado por los miembros de la Junta de Representantes que pudieron reunirse a tal efecto. La Historia y sus interpretaciones…..

Bibliografía consultada

IBAÑEZ, José Cosmelli, “Sintesis de Historia 2”, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1981.

MIRETZKI, Maria y otros, “Historia 2. La edad Moderna y el surgimiento dela Nación Argentina”, Kapelusz, Buenos Aires, 1980.

Departamento de Historia del Colegio Nacional de Buenos Aires, “Historia Argentina. Desde la prehistoria hasta la actualidad”,  Página 12, Buenos Aires, 1999.

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TRATADO DEL PILAR

Los caudillos López y Ramírez fueron enviados por Artigas contra Buenos Aires. Sus objetivos eran la caída del gobierno central, la organización del país bajo el sistema federal y la declaración de la guerra al Portugal. Artigas enviaba a sus lugartenientes pues estaba ocupado personalmente en la lucha contra los portugueses. Rondeau reunió alrededor de 2000 hombres y los federales alrededor de 1500. El combate entre las tropas federales y las directoriales se dio en la Cañada de Cepeda el 1º de febrero de 1820 y duró alrededor de diez minutos, los necesarios para que la caballería de las montoneras dispersaran a las milicias directoriales. Las fuerzas de Ramírez y Carrera atacaron a las tropas de Balcarce mientras López enfrentaban a la caballería de Rondeau, que retrocedería casi sin oponer resistencia. Rondeau huyó del campo de batalla, mientras Balcarce se retiraba en orden con la infantería porteña, tras una enérgica resistencia y una negativa  a rendirse. Los caudillos, en lugar de perseguirlo, marcharon hacia la capital.

Las consecuencias fueron profundas: el 11 de febrero se disolvía el Directorio y el 16 era elegida una Junta de Representantes, que designaba a Manuel de Sarratea como nuevo gobernador de Buenos Aires. Se producia así la caída del gobierno central que habia estado establecido en Buenos Aires desde 1810, se convocaba a un Tratado en Pilar y nacían las autonomías provinciales.

Sarratea asumió la gobernación de Buenos Aires el 17 de febrero de 1820, para inmediatamente partir hacia Pilar al encuentro de los caudillos del Litoral. ¿El objetivo? Obtener un tratado de paz en condiciones honrosas. El 23 de febrero, en la capilla de Pilar, firmó con Estanislao López (Santa fe) y Francisco Ramírez (Entre Ríos), un tratado por el cual los tres gobernadores se comprometían a organizar el país bajo el sistema republicano federal, para luego reunirse en el término de sesenta días en el convento de San Lorenzo para adoptar una resolución definitiva. El Tratado constaba de doce artículos, que en síntesis establecían:

– Proclamaba la unidad nacional y el sistema federal.

– Convocaba, en el plazo de 60 días, a una reunión de representantes de las tres provincias en el convento de San Lorenzo, para convenir la reunión de un congreso que permitiese reorganizar el gobierno central.

– Establecía el fin de la guerra y el retiro de las tropas.

– Buenos Aires se comprometía a ayudar a las otras provincias en caso de ser atacadas por los brasileños o portugueses..

– Los ríos Uruguay y Paraná serían libremente navegables.

– Concedía una amplia amnistía a los desterrados o perseguidos políticos, a excepción de los directores supremos y congresales que habían formado parte del gobierno derrocado, determinándose su enjuiciamiento “por la repetición de crímenes con que se comprometía la libertad de la Nación”

– Disponía la comunicación del tratado a José Artigas“para que siendo de su agrado, entable desde luego las relaciones que puedan convenir a los intereses de la Provincia de su mando, cuya incorporación a las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento”.

Artigas, sólo era reconocido como “Capitán General de la Banda Oriental”, pero no como “Protector de los Pueblos Libres”, lo cual limitaba su poder a la Banda Oriental, despojándoselo de toda autoridad sobre las provincias del Litoral. Hay que recordar que el caudillo oriental encarnaba un proyecto alternativo de organización claramente diferente al de Buenos Aires, y había conseguido el apoyo de los caudillos del Litoral. Si bien ahora era invitado a formar parte de la nueva alianza, se lo desconocía como árbitro y se le despojaba de influencia.

¿Por qué López y Ramírez parecían abandonar a su antiguo aliado? Artigas venia de ser derrotado por los lusobrasileños en Tacuarembó y posiblemente los caudillos consideraban más correcto reorganizar sus provincias y abandonar la guerra contra los brasileños, impuesta por la alianza con Artigas. Seguramente querían concentrar todos sus esfuerzos en la lucha contra Buenos Aires, en ese momento más amenazante a sus intereses. La respuesta del oriental no se hizo esperar, rechazó el tratado y denunció la traición de la que había sido objeto. El enfrentamiento con Ramírez era inevitable. Artigas invade Entre Ríos y tras combates parciales, fue derrotado definitivamente en Rincón de Abalos (julio de 1820).Perseguido, el caudillo oriental cruza la frontera de Paraguay donde buscó asilo. Tras treinta años de ostracismo político, fallece allí en 1850.

Toda la Banda Oriental, la parte Este de Corrientes y casi todo Misiones se encontraban bajo el poder de los invasores lusobrasileños. Para frenar la invasión lusobrasileña lo único que parecía viable a López y Ramírez era aceptar una alianza con los unitarios, aunque éstos fueran enemigos declarados de Artigas. Creyeron conseguirlo con Sarratea, que también era uno de los federales victoriosos, ahora al mando de Buenos Aires. Artigas fue olvidado. Si tal alianza salvó a la Mesopotamia argentina de una anexión al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, también sirvió para confirmar la anexión al mismo de la Banda Oriental..

En Buenos Aires la situación permanecería tensa, ¿qué pasará con Sarratea?

El Tratado de Pilar es uno de los pactos preexistentes a los que hace mención el preámbulo de la Constitución Argentina.

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DESMONUMENTAR a COLÓN

Al margen de la polémica suscitada con el traslado del monumento a Cristóbal Colón emplazado tras la Casa de Gobierno argentino y de las quejas del gobierno de la ciudad acerca de la decisión del gobierno nacional de reemplazarlo por un monumento a Juana Azurduy, heroína de la independencia; resulta interesante pensar algunas de las reflexiones de Omar Estela, arquitecto, escultor y encargado de la curaduría del controvertido movimiento del citado monumento.

El sino de Cristóbal Colón es el de dar la espalda. Cuando llegó a Guanahani creyó que estaba en Asia, le dio la espalda a América. Y el monumento emplazado en Buenos Aires le da la espalda a la Ciudad, al país.” “Nos preguntamos lo que significa el monumento, lo que representa hoy y qué valor tiene su traslado”, Aquí es donde Estela define cuál es la diferencia entre un monumento y una escultura. “Los monumentos son panfletos, cumplen una función, están muy ligados al poder: pueden ser funcionales a la Iglesia Católica, al stalinismo. Una escultura es sólo una obra de arte.” Aclarado el punto, el curador afirma que el de Colón originalmente fue un monumento y no una escultura. “Fue realizado por Arnaldo Zocchi, dedicado a hacer monumentos por encargo”, “Lo que lo transforma en una obra artística es su ubicación: les está dando la espalda a la Ciudad y al país. Eso lo convierte en una escultura.”

Yo digo que el monumento a Colón es un monumento a la desheredad: un monumento a los hijos de una Madre Patria que hoy son negados por esa misma madre, que son tratados como extranjeros o expulsados. Retirarlo es profundizar esa herida, es un gesto más de alejamiento de Europa”, define Estela.

Con respecto a la estatua: “No podía estar más parado, estaba teniendo desprendimientos”, La pieza de mármol de Carrara, de seis metros de altura y 24 toneladas, no sólo había sufrido el rigor de la intemperie: tiene deterioros estructurales producidos por los impactos de bala de la Marina, en los bombardeos antiperonistas de junio de 1955, y el cimbronazo de una bomba que estalló en la base, en abril de 1987. “Tiene la boina partida, separada de la cabeza, y una fisura alrededor de ambos brazos”, cuentan los especialistas.

Un monumento es un exvoto, una ofrenda. En el caso de Colón, es una ofrenda que no es ingenua: como la Torre de los Ingleses o el Monumento de los Españoles, es una forma de marcar territorio, de decir que éste es un país que mira hacia Europa”, sentencia el arquitecto Estela.

Podría haber varias lecturas acerca de la posición del almirante con la vista perdida hacia el río: tal vez una manera de recibir a los inmigrantes, dicen algunos, o de mirar hacia su punto de partida colonizador, el Puerto de Palos. Para los integrantes del equipo, en cambio, “Colón tiene en sus manos el contrato comercial con la corona española que abrió el camino para su aventura, pero también una cruz, un símbolo de su acción evangelizadora: es un enviado de la civilización contra la barbarie”.

Ese punto de vista eurocéntrico, tan presente en Buenos Aires hace un siglo, sigue vigente hoy, no sólo en el ideario de algunos sectores sociales. Ese, por sí solo seria un buen tema de reflexión.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-224445-2013-07-14.html

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INVASIÓN PORTUGUESA A LA BANDA ORIENTAL

Cuando se produjo el primer sitio a Montevideo, los portugueses invadieron la Banda Oriental para luego retirarse por el pacto del 26 de mayo de 1812. Las ambiciones expansionistas se reanudaron cuando Brasil se transformó en un reino. Los invasores supieron aprovechar muy bien el enfrentamiento entre Buenos Aires y Artigas, seguros que el gobierno porteño no intervendría en el conflicto.

El ataque se inició en julio de 1816. al frente de Carlos Federico Lecor, las tropas irrumpieron en el territorio oriental divididas en tres columnas: por el este avanzó el mencionado Lecor; por el centro lo hizo el general Silveira, mientras que una tercera columna, al as órdenes del general Curado, penetró por el norte. En total, los efectivos portugueses sumaban unos 12.000 hombres.

El ataque no tomó por sorpresa a Artigas, pero la suerte de las armas no le fue favorable. Silveira derrotó a Otorgués en Cerro Largo y Rivera (el lugarteniente de Artigas) fue vencido en India Muerta. El 20 de enero de 1817 la columna bajo las órdenes de Lecor penetró sin mayores dificultades en Montevideo. La lucha prosiguió en todo el territorio oriental, hasta que el 14 de enero de 1820 Artigas fue vencido en Tacuarembó, debiendo trasladarse a la provincia de Entre Ríos. El triunfo portugués era total. El 18 de julio de 1821 los vencedores convocaron a un Congreso Cisplatino, en el que sus integrantes se pronunciaron a favor de la anexión territorial. Luego de esto, la Banda Oriental pasó a depender del Reino Unido de Portugal, con el nombre de Provincia Cisplatina.

Imagen: Movimiento artiguista del Uruguay.

Fuente: IBAÑEZ, José Cosmelli, “Sintesis de Historia 2”, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1981.

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LAS ECONOMIAS EXTRACTIVAS LATINOAMERICANAS HOY

Dos interesantísimos artículos me han llegado de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique referidos al actual auge de las economías extractivas en América Latina. comparto con ustedes sus principales conceptos.

En la última década, un nuevo consenso se ha extendido entre los gobiernos latinoamericanos. El eje de la economía ha pasado de la valorización financiera a la exportación de bienes primarios a gran escala. Para Maristella Svampa[1], este proceso acentúa la reprimarización de la economía y la desposesión social, y amenaza a las democracias. ¿Cómo y Por qué? Read more »

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